La banca argentina perdió casi el quince por ciento de sus sucursales en siete años y el ajuste se aceleró en el último año
De 4.616 filiales en 2019 a 3.944 en julio de 2026: el sistema financiero achicó su red física un 14,5%, con un recorte de 229 locales en los últimos doce meses. La digitalización de las transacciones y las fusiones corporativas explican el fenómeno.

La red de sucursales bancarias argentinas cerró 672 filiales en el período comprendido entre julio de 2019 y julio de 2026, lo que representa una contracción del 14,5% sobre el total de locales que operaban al inicio de la serie, según los registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La cifra constituye el dato consolidado más reciente disponible en el organismo y refleja un proceso de reconfiguración estructural del sistema financiero, motorizado por el avance de la operatoria digital y por procesos de fusión entre entidades que eliminaron locales superpuestos.
La caída se profundizó en el último año medido. Entre julio de 2025 y julio de 2026 desaparecieron 229 sucursales, lo que equivale a una baja interanual del 5,5% y representa por sí solo más de un tercio de todo el ajuste acumulado en siete años. Comparado con 2019, el ritmo de cierre se multiplicó: en los primeros tres años del período las bajas anuales fueron de apenas 28 y 2 locales, mientras que desde 2023 el recorte se volvió significativo, con 94 sucursales menos en ese ejercicio, 109 en 2024 y el pico de 229 en la última medición.
90% de las operaciones ya se hacen por canales digitales
El motor principal del fenómeno es el cambio en los hábitos de los usuarios. Más del 90% de las transacciones bancarias se realizan actualmente a través de canales virtuales, ya sean aplicaciones móviles, home banking o terminales de autogestión. En paralelo, el 80% de los clientes nuevos se incorporan al sistema sin necesidad de pisar una sucursal, lo que reduce la demanda presencial a un segmento acotado de operaciones, fundamentalmente las vinculadas con el manejo de efectivo, la atención personalizada y la firma de determinados productos.
Las entidades financieras argumentan que el cierre de locales no responde a una decisión de abandonar el mercado, sino a una readecuación de la infraestructura física frente a la nueva modalidad de atención. Una de las principales entidades del sistema informó haber informado haber destinado 210 millones de dólares a inversiones en infraestructura tecnológica durante 2026 y prevé un desembolso adicional de 500 millones de dólares en los próximos tres años, con el objetivo de consolidar un modelo híbrido que combine la operatoria digital con soporte humano para los trámites que lo requieran.
Las provincias más afectadas por la reducción de la red
- Provincia de Buenos Aires: 1.290 sucursales plenas, el distrito con mayor cobertura del país.
- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: 597 filiales, concentradas en un territorio de apenas doscientos kilómetros cuadrados.
- Santa Fe: 426 locales, con presencia significativa en las ciudades de Rosario y Santa Fe.
- Córdoba: 409 sucursales, el cuarto distrito en cantidad de puntos de atención.
- Tierra del Fuego: 21 filiales, en el extremo opuesto de la pirámide de cobertura.
- Catamarca: 19 sucursales, la jurisdicción con menor presencia bancaria del país.
La reconfiguración del sistema financiero trajo consigo una reducción equivalente en la dotación de personal. En junio de 2026 el sector bancario empleaba a 86.795 personas, frente a las 107.027 que trabajaban en el rubro siete años atrás, una disminución de más de veinte mil puestos de trabajo registrada por el BCRA. La caída del empleo acompañó, en términos relativos, a la de la red de sucursales, lo que sugiere un proceso de sustitución de trabajo presencial por automatización de procesos.
En el plano corporativo, dos operaciones de fusión contribuyeron al cierre de locales duplicados. La adquisición del HSBC por parte del Banco Galicia y la compra del Itaú por parte del Banco Macro implicaron el cierre de filiales que funcionaban a pocos metros entre sí en distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires y de las principales ciudades del interior. El argumento empresario fue que la superposición geográfica generaba una redundancia operativa que el nuevo escenario digital hacía innecesaria sostener.
Qué cambia en el bolsillo de cada familia
Para el usuario promedio, el proceso implica que muchas operaciones cotidianas —pago de servicios, transferencias, consulta de saldos, solicitud de préstamos personales— ya no requieran trasladarse hasta una sucursal, y puedan resolverse desde el teléfono móvil. Sin embargo, en localidades donde la oferta bancaria ya era escasa, el cierre de un local puede traducirse en la pérdida del único punto físico disponible, con el consecuente encarecimiento del acceso para quienes necesiten realizar trámites que la plataforma digital no permita completar. En las grandes urbes, en cambio, el efecto se percibe en la reducción de tiempos de espera y en la desaparición gradual del cajero humano, mientras se mantiene, en general, una densidad de cajeros automáticos que permite operar con efectivo.
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