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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Floridi, el filósofo que le baja el precio a la inteligencia artificial

Para el italiano que dirige el centro de ética digital de Yale, los sistemas que hoy nos asustan no piensan: hacen cosas sin entender nada. La salida, dice, no es frenar la IA sino integrarla con cabeza.

FM
Federico MazaTecnología · · 3 min de lectura
Floridi, el filósofo que le baja el precio a la inteligencia artificial

El otro día le pedí a un asistente de IA que me resumiera un paper de filosofía política y me devolvió un texto impecable, con citas inventadas y un autor que, créanme, no existe. Fue un golpe de realidad: la máquina escribe como doctoral, pero no tiene la menor idea de lo que escribe. Eso, justamente, es lo que lleva años repitiendo Luciano Floridi, y lo repite con una frase que parece un trabalenguas y termina siendo un zarpazo: la IA no es inteligencia, es agencia artificial.

Floridi es filósofo, italiano, y dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale. Hace rato que viene avisando que internet no era un canal más, sino un entorno nuevo donde la humanidad iba a vivir. Lo llamó infosfera y bautizó inforg al organismo informacional: un bicho que no sólo consume y produce datos, sino que está hecho de datos. Ahora aplica ese marco a la inteligencia artificial y su diagnóstico es incómodo para los vendedores de humo.

Actúa, no piensa: la diferencia que cambia el debate

“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.”Luciano Floridi

Traducido al lenguaje de la casa: la IA es como un electricista que te arregla el termotanque sin tener la menor idea de qué es el agua caliente. Te resuelve, pero no sabe qué resuelve. Esa distinción no es un detalle académico: cambia la pregunta. Si la IA fuera inteligente, el debate sería si puede superarnos. Como es agencia, el debate es cómo la usamos sin que nos use a nosotros.

Cuatro revoluciones y una despedida del centro

  • Primera: Copérnico sacó a la Tierra del centro del universo.
  • Segunda: Darwin sacó a la especie humana del centro del reino animal.
  • Tercera: Freud sacó al yo del centro de la propia mente.
  • Cuarta: Turing nos sacó del centro de la esfera de la información.

Esa última es la de Floridi: ya no somos el ombligo informacional del mundo, y eso no es una derrota sino una maduración. Lo dice textual: una humanidad más crecida se piensa al servicio del prójimo, del ambiente y de las generaciones que vienen, no como protagonista absoluta del universo. Suena a frase de calendario de banco, y sin embargo es el corazón de su planteo: el problema nunca fue la tecnología, sino la soberbia con la que la miramos.

Frenar la IA no es la respuesta (y él lo sabe)

De ahí sale su postura práctica, la que más me sirve a mí, que cada lunes peleo con un chat que me quiere ayudar: no hay que pedir que se detenga la IA, hay que entender qué es, meterla con criterio y no entregarle el juicio propio. Lo demás es marketing del apocalipsis. Para fundamentarlo apela a la filosofía de la información, un campo que él mismo fundó en los noventa, cuando casi nadie se tomaba en serio estudiar la información como objeto y no como herramienta.

Yo, que vengo peleándome con un modelo que me corrige la gramática sin entender el sentido de lo que escribo, celebro este enfoque. Me ahorra el ridículo de discutirle a una máquina si tiene razón: no la tiene ni le importa, sólo produce efectos. La maduración que pide Floridi es, en el fondo, una invitación a usar la herramienta sin convertirse en ella.

Consejo práctico, y esta vez sí, en imperativo: tratá a la IA como tratás a un electricista, a un plomero o a ese primo que siempre sabe de todo. Confiá en el trabajo, no en la palabra, y no le dejes las llaves de tu cabeza.

FM
Federico MazaTecnología

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