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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Fito Páez, frente al piano: la máquina orquestal, Charly García y la música que se pierde

El rosarino pasó por Otro día perdido, tocó Al lado del camino, contó que quiere aprender a dirigir una orquesta y volvió al piano para cerrar con los temas que le pidieron Pergolini, Evelyn Botto y Rada. Una charla donde las canciones se mezclaron con recuerdos del escenario y una preocupación por lo que dejamos de escuchar.

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Micaela OyolaCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Fito Páez, frente al piano: la máquina orquestal, Charly García y la música que se pierde

El piano ya estaba abierto cuando entré al estudio y Fito Páez acomodaba las hojas con la partitura encima. Faltaban unos minutos para que arrancara el programa de Mario Pergolini y el rosarino aprovechaba para probar el clima del lugar. Huele a madera y a café recalentado, y desde el otro lado del cristal se escucha el murmullo de los panelistas que todavía terminan de acomodarse. Es la previa perfecta para una noche que va a terminar, como casi siempre que aparece Fito, con canciones y con confesiones.

Apenas arrancó Otro día perdido, el músico se sentó y atacó Al lado del camino. La interpretación al piano fue el primer mojón de una visita que combinó repertorio, memoria y proyectos a futuro. Pergolini le preguntó por qué sigue eligiendo ese formato íntimo y Páez fue derecho al hueso: lo que más le obsesiona hoy es entender cómo funciona una orquesta desde adentro.

“Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona.”Fito Páez

Esa frase abrió un costado nuevo en la charla. Ya no era solo el pianista que repasa su propio cancionero: apareció la imagen del director de orquesta que quiere formarse, alguien que todavía se imagina en otra silla, con otra batuta, descifrando la lógica de los arreglos que él mismo escucha desde chico.

Charly de espaldas y una melena en movimiento

La conversación enseguida se corrió hacia Charly García. Pergolini le preguntó por una imagen que varios guardamos en la retina: las giras compartidas, con un García que tocaba mirando al fondo del escenario. Fito primero se hizo el desentendido con una sonrisa y después lo dejó en su lugar.

“Hay que preguntarle a Charly.”Fito Páez

Después bajó un cambio y explicó lo que él cree que pasaba por la cabeza de su colega. Dijo que García nunca terminó de aclarar el porqué de aquella decisión, pero que él siempre lo leyó como una idea visual, casi cinematográfica: que el público viera una melena en movimiento mientras sonaban las canciones. Lo definió como compositor, intérprete y, sobre todo, como director de lo que ocurría en escena, alguien que decidía cómo mirar y dejarse mirar.

Esa etapa le dejó marca. Más allá de la teoría, Fito contó que compartir escenario con Charly fue una clase diaria y que se llevó un aprendizaje que todavía usa. Habló de alguien que no se conformaba con tocar bien: también pensaba cada gesto, cada silencio, cada ángulo.

Las canciones que se olvidan y el piano que se prende

A Pergolini se le escapó otra pregunta que duele: qué pasa con las canciones que dejamos de escuchar. Páez lo pensó un segundo y contó que, unos quince años atrás, había armado un concierto entero con temas de Charly que él consideraba archiconocidos. La sorpresa fue encontrarse con público que no los reconocía, gente que los escuchaba por primera vez. A partir de esa experiencia, el rosarino dejó flotando una preocupación que atraviesa a varias generaciones de músicos: cómo se construye y cómo se pierde la memoria de un repertorio.

Después de ese tramo más introspectivo, Fito volvió a la banqueta. Como cierre, se sentó al piano y tocó los temas que le fueron pidiendo Mario Pergolini, Evelyn Botto y Agustín Soy Rada Aristarán. Fue la manera de demostrar que, más allá de las ideas sobre orquestas y sobre maestros, su casa sigue siendo el piano y la canción.

La próxima parada ya está en agenda: Fito Páez sigue de gira con su repertorio al piano por distintas ciudades del país, con fechas que se anuncian en sus redes y en la web oficial. Para quien quiera volver a verlo en formato íntimo, como en esta noche de Otro día perdido, conviene estar atentos: las entradas suelen volar.

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Micaela OyolaCultura y espectáculos

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