Fackham Hall, o cuando la aristocracia británica se ríe de sus propios espejos
La nueva comedia inglesa que cruza enredos matrimoniales, misterios al mejor estilo Poirot y un humor que no le perdona nada a la nobleza. Estrena esta semana y llega con un elenco que mezcla caras nuevas con nombres de sobra conocidos.

La primera vez que alguien me dijo que Tom Felton, el inolvidable Draco Malfoy de Harry Potter, iba a hacer de aristócrata inglés enamorado de su prima en una comedia, no pude evitar levantar una ceja. Pero acá estamos: Fackham Hall, que llega a la Argentina con el título Un muerto a la hora del té, es exactamente eso, una declaración de amor torcida al género de dramas de época como Downton Abbey, pero pasada por el filtro del humor más inglés de los últimos años. Una rareza deliciosa que se toma en serio la solemnidad aristocrática solo para hacerla pedazos en la escena siguiente.
Una boda que no fue y un muerto que aparece como quien no quiere la cosa
La historia arranca con los Davenport, una de esas familias inglesas con más títulos nobiliarios que plata en la cuenta, planeando casar a Poppy con su primo Archibald, el personaje que encarna Felton. El problema es que Poppy está enamorada de otro, uno de clase social inferior, lo que en la lógica de esta mansión equivale casi a un pecado capital. Cuando la boda se cae a último momento, todas las expectativas de mantener el apellido y el patrimonio dentro del clan recaen sobre la hermana menor, Rose, a quien la neozelandesa Thomasin McKenzie le pone cara de mosca muerta y picardía oculta.
Ahí entra Eric Noone, un carterista que llega a la casa con una carta que jamás entrega y se las ingenia para quedarse como parte del servicio. Ben Radcliffe, a quien muchos recordarán por Rings of Power, compone a este Romeo con dedos largos que se enamora de Rose en el momento más inoportuno. Mientras tanto, Emma Laird, la que se consagró en Mayor of Kingstown, le da vida a una Poppy desesperada, con esa energía de quien sabe que su familia le está organizando la vida entera.
Hércules Poirot, pero con menos peine y más whisky
Como si los líos amorosos no alcanzaran, la película suma un hilo detectivesco a cargo del detective Watt, al que Tom Goodman-Hill le pone bigote, acento belga exagerado y una insistencia casi ritual en las buenas maneras. Es una parodia explícita a Hércules Poirot, el personaje de Agatha Christie, y la investigación avanza al ritmo de los chistes, no de la lógica. El guion, donde participa el humorista Jimmy Carr, apuesta por el doble sentido, la comedia física y esos silencios incómodos que solo los ingleses saben hacer bien.
- Una comedia británica de 97 minutos dirigida por Jim O'Hanlon, el mismo de la adaptación de Emma de 2009.
- Elenco que mezcla a Thomasin McKenzie, Ben Radcliffe, Emma Laird y Tom Felton, entre otros nombres.
- La ambientación respeta los códigos de los dramas de época, pero los chistes dinamitan su solemnidad.
- Entre los blancos principales de la parodia están los casamientos entre parientes y la obsesión por no mezclar sangres.
- Se proyecta como una hermana gemela y algo insolente de Downton Abbey, pero con menos contención y más desfachatez.
Lo que más me gustó, y lo aclaro porque esta columna es mía y la firmo con nombre y apellido, es que la película no se burla de sus personajes por ser viejos o anticuados, sino por la distancia infinita que se crean ellos mismos entre lo que sienten y lo que están obligados a fingir. Hay algo muy humano en ver a estos aristócratas intentando que el amor encaje en un organigrama familiar, y también en ver a un servicio que conoce la mansión mejor que sus propios dueños. Esa tensión, la de las clases que se cruzan y se espían mutuamente, es donde la película respira mejor.
La dirección de O'Hanlon se nota sobre todo en los planos generales, con esos pasillos largos, los candelabros y los jardines que parecen sacados de una postal, para que después un personaje se tropiece con una bandeja de té o se trabe con una cortina y se caiga todo el edificio simbólico. El humor funciona porque no insulta, pero tampoco perdona: se ríe de los matrimonios arreglados, del clasismo y de esa costumbre tan británica de medir todo con la vara del decoro.
Si te gustó la primera temporada de Bridgerton, te enganchaste con Knives Out o simplemente querés pasar un rato liviano con un poco de ingenio verbal, Fackham Hall es una apuesta segura. Se suma a la lista cada vez más larga de comedias que revisitan el pasado sin reverencia, y lo hace con un elenco que se nota cómodo pasándose el papel protagónico de mano en mano.
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