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Sábado, 17 de octubre de 2026
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En el barrio San Lorenzo Norte, una casa desbordada y un incendio que terminó con seis camiones en la calle

Tras un siniestro en una vivienda donde los residuos se habían acumulado durante años, el municipio de Neuquén retiró seis camiones llenos de basura y objetos. El operativo abre la puerta para entender cómo se pide este tipo de ayuda y por qué la autorización del dueño es clave.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
En el barrio San Lorenzo Norte, una casa desbordada y un incendio que terminó con seis camiones en la calle

Todavía se nota el olor a quemado en la cuadra de San Lorenzo Norte. Acá, en esta zona de Neuquén donde las casas se cruzan con veredas anchas y álamos que se pelean con el viento, un incendio consumió una vivienda durante la madrugada y dejó al descubierto algo que llevaba años escondido: capas y capas de residuos, muebles rotos, bicicletas, calzado, madera acumulada hasta los techos. Cuando el fuego pasó, lo que quedó fue un paredón ennegrecido y la necesidad urgente de limpiar.

Yo vine a este barrio porque quiero contar lo que pasó de cerca y, sobre todo, porque esta historia puede servirle a más de uno. Porque acá, a pocas cuadras de cualquier centro neuquino, hay familias que conviven con situaciones parecidas y no saben que existe una puerta para pedir ayuda sin tener que pasar vergüenza.

Un operativo que se mide en camiones

Con el permiso del propietario, personal municipal trabajó durante varios días en la vivienda junto con allegados y vecinos del barrio. El resultado, según explicó el subsecretario de Medio Ambiente, Cristian Haspert, fue contundente: ya se fueron seis camiones llenos de residuos y una caja de 20 metros cúbicos con objetos de todo tipo. Entre lo retirado había electrodomésticos viejos, bicicletas, gran cantidad de calzado, madera y otros artículos de gran tamaño que habían quedado guardados durante años.

Marcelo, un vecino que vive a media cuadra y que de la primera mañana del operativo, me lo resumió sin vueltas: “Cuando vi la cantidad de camiones que entraban y salían, me cayó la ficha de lo que era esa casa por dentro. Acá todos sabíamos que había algo, pero uno no se mete. Ahora, después del incendio, por lo menos se pudo limpiar y se evitó que pase algo peor”.

  • Electrodomésticos en desuso, algunos todavía enteros, otros convertidos en chatarra.
  • Bicicletas acumuladas, varias sin ruedas y cubiertas de polvo.
  • Calzado y ropa vieja guardada en bolsas que se habían roto con el tiempo.
  • Madera apilada, incluso sobre los techos, que terminó alimentando el fuego del incendio.
  • Muebles y otros objetos de gran volumen que no se retiraron en años.

Haspert fue claro al describir el riesgo: esa cantidad de material combustible no solo amenazaba a quienes vivían adentro, sino también a las casas linderas. Por eso, una vez que el dueño firmó el permiso para ingresar, la Municipalidad desplegó trabajadores, vehículos y contenedores para llevar todo al Complejo Ambiental de la meseta.

Cómo se pide la ayuda y por qué a veces no alcanza

El caso de San Lorenzo Norte no es el único ni será el último. Desde la comuna remarcaron que cualquier familia neuquina que no pueda hacerse cargo de una limpieza de este tipo puede iniciar el pedido. Las vías son concretas: la línea 147 del municipio y las comisiones vecinales de cada barrio. También pueden mover el pedido familiares directos de quien habita la propiedad.

Haspert insistió en que muchas de estas actuaciones arrancan justamente cuando el entorno, hartos de no saber qué hacer, se comunica con el municipio. Y ahí aparece la condición ineludible: para que los equipos entren, el dueño de la casa tiene que autorizar el ingreso. Si esa firma no llega, el operativo se traba, por más que la familia o los vecinos golpeen todas las puertas que haya que golpear.

Eso ocurrió en otros casos que el funcionario recordó: pedidos que quedaron a medio camino porque el propietario no consintió la limpieza. Por eso, el primer paso, según detallaron desde Medio Ambiente, siempre es sentarse a conversar con la persona, explicarle el riesgo y conseguir su autorización. Recién después, con ese aval, se mueven los camiones.

En San Lorenzo Norte, la Comisión Vecinal se movió rápido. Apenas se conoció el incendio, los referentes salieron a comunicar lo sucedido y a organizar la asistencia inicial para los damnificados. Esa red barrial fue, en los hechos, la que terminó de aceitar el contacto con el municipio para que la limpieza empezara cuanto antes.

Mientras los camiones terminaban de cargar, Marcelo se quedó en la vereda mirando cómo se llevaba la última caja. Me dijo algo que me quedó dando vueltas: “Al final, lo peor no fue el fuego. Lo peor fue vivir al lado durante años sin que nadie pudiera hacer nada. Acá, cuando una casa se llena así, todo el barrio se va apagando de a poco”. Yo me quedé pensando en eso, en cómo a veces un incendio, que parece la peor de las noticias, termina siendo la única manera de empezar a ordenar lo que adentro hace mucho que desbordó.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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