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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El ritual de sacarse los zapatos en la puerta: por qué un gesto tan chico pesa tanto adentro de la casa

Médicos y estudios internacionales coinciden en que las suelas se convierten en una suerte de encomienda sucia que llega hasta el living; un repaso por lo que se trae del afuera y los trucos simples para que no quede flotando en el aire del comedor.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
El ritual de sacarse los zapatos en la puerta: por qué un gesto tan chico pesa tanto adentro de la casa

Yo no soy de los que se ponen el guardapolvo de astronauta para entrar a su casa, pero desde que me puse a leer lo que efectivamente se trae pegado en las suelas después de un día cualquiera, le empecé a dar una importancia nueva al pequeño umbral de la puerta. Acá, en cualquier barrio porteño o en cualquier pueblo del interior, una vuelve del trabajo, apoya el pie en el living y, sin querer, deja sobre el piso la huella invisible de todo lo que pisó en la calle.

El tema volvió a discutirse por estos días a partir de recomendaciones que difunde la clínica Cleveland, en Estados Unidos, y que, traducidas a nuestra vida cotidiana, suenan casi de sentido común: tener un lugar fijo para dejar el calzado junto al ingreso, sumar una buena alfombra de entrada y limpiar los pisos con métodos húmedos, es decir, con trapo rejilla o mopa húmeda, no con la escoba seca que lo único que hace es levantar el polvo y volver a dejarlo caer dos metros más adelante.

Qué viene en la suela, aunque no se vea

Después de pasar por veredas, baños públicos, colectivos, patios y plazas, las suelas se cargan una mezcla bastante heterogénea. Especialistas del equipo de Medicina Interna de esa clínica, entre ellos el doctor Daniel Sullivan, advierten que entre lo que se puede llegar a pisar figuran compuestos conocidos como PFAS, famosos por ser prácticamente imposibles de eliminar del ambiente y del cuerpo, además de polvo con plomo y restos de pesticidas.

“El plomo puede dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos. El polvo que sale de pinturas antiguas deterioradas puede viajar adherido al calzado y termina en el suelo donde juegan los chicos.”Daniel Sullivan, médico internista de Cleveland Clinic

No es paranoia, pero tampoco hay que asustarse

Antes de tirar la casa por la ventana, vale una aclaración que me parece clave y que el propio material se encarga de subrayar: encontrar bacterias en los zapatos no significa automáticamente que alguien se vaya a enfermar. Las suelas son una vía de ingreso de contaminantes, no una sentencia de infección. Reducirlas es razonable; obsesionarse con ellas, ya es otra cosa.

  • Disponer un sector junto a la entrada exclusivo para el calzado que se usa afuera.
  • Colocar una alfombra gruesa en el umbral para que la primera limpieza se haga antes de pisar el piso.
  • Limpiar los pisos con métodos húmedos, evitando la escoba seca que solo redistribuye el polvo.
  • Guardar un par separado para usar dentro de casa, útil sobre todo para personas mayores o con problemas de equilibrio, según sugiere Sullivan.
  • Prestar atención extra si en la casa hay bebés o niños que gatean y se llevan las manos a la boca.

A mí lo que más me quedó dando vueltas es la imagen del nene sentado en el piso del living, con las manitos en la boca, mientras los restos invisibles del asfalto de la cuadra, del pasto de la plaza o del insecticida del vecino se acomodan tranquilamente en la alfombra. La vecina Marta, acá a la vuelta, me decía el otro día mientras barría la vereda: Yo desde que tuve a mi nieta dejé una bandeja enorme en el recibidor y no entra nadie con zapatos al living. No es una postura científica, me decía, pero es lo único que me deja tranquila. Y vaya si tiene razón: a veces, los grandes cambios empiezan en una bandeja con un par de zapatillas.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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