El retiro de Messi deja una herencia que cabe en la mesa familiar: qué contarles a los chicos antes de que se apague la tele
Un libro escrito por una madre y su hija usó al capitán como hilo conductor para hablar de esfuerzo, error y trabajo en equipo. La despedida de la selección reabre esa conversación en miles de hogares argentinos, y las autoras ordenan qué valores quedan cuando ya no hay partidos para mirar.

Acá en Buenos Aires, cuando uno recorre cualquier barrio y se cruza con un pibe con la camiseta de la selección colgada del hombro, todavía se nota algo que va más allá del resultado del último partido: la figura de Lionel Messi ocupa un lugar muy particular en la conversación de las familias argentinas, sobre todo en las que tienen chicos en edad de preguntar por qué ese señor de la televisión llora cuando canta el himno. Y resulta que la despedida del capitán de la selección, que él mismo anunció en los últimos días, no termina en la cancha ni en los portales de noticias deportivas: también queda dando vueltas en la cocina de muchas casas, donde padres y madres se preguntan qué decir cuando el nene pregunta qué pasó con el diez.
Un libro que llegó antes de la despedida
Lo curioso es que esa conversación ya estaba medianamente ordenada en un libro. Se llama ¡Messirve! y lo escribieron Verónica de Andrés y Florencia Andrés, madre e hija, desde Ediciones B. Ellas tomaron la carrera de Messi como hilo conductor para hablar de valores que se pueden llevar a la vida cotidiana, y lo hicieron sin idealizarlo, que es lo primero que aclaro porque a veces uno escucha hablar de estos libros y piensa que son una especie de hagiografía deportiva. No: las autoras se quedaron con lo concreto, con las frases que el propio Messi dijo en distintas entrevistas a lo largo de los años, y a partir de ahí armaron una especie de manual para que las familias tengan de dónde agarrarse.
Acá me paro un segundo y miro por la ventana del departamento, acá en el barrio de Palermo, y pienso en los miles de nenes y nenas que durante casi dos décadas asociaron el nombre de Messi con algo enorme, con una alegría que no se explicaba del todo. Para ellos, el retiro no es un dato de la sección deportiva: es un corte en algo que les venía acompañando desde que tienen memoria. Y por eso me parece valioso que existan estos libros, porque ordenan una conversación que en casa muchas veces queda en el aire, entre el ruido de la cena y el cansancio del día.
Talento, disciplina y los 17 años de trabajo invisible
Uno de los ejes del libro es la diferencia entre talento y disciplina, y las autoras se apoyan en una frase que el propio Messi repitió más de una vez: que el éxito le llevó 17 años y 114 días, y que no fue de la noche a la mañana. Esa idea, que él dijo sin dramatismo, sirve para transmitirles a los chicos que lo que se ve en la tele tiene una historia invisible detrás. No es un descubrimiento, claro, pero cuando lo dice un pibe rosarino que ganó todo lo que se puede ganar, el mensaje entra por otro lado.
Cinco cosas concretas que el libro rescata de la carrera de Messi
- El esfuerzo invisible: detrás de los resultados hay años de trabajo que no aparecen en los goles.
- El error como parte del proceso: él también perdió partidos y jugó mal, y la pregunta útil es cómo mejorar la próxima vez.
- La familia como ancla: él mismo mencionó a sus padres, a su mujer y a sus hijos como reguladores de su estado anímico.
- El equipo por encima del individuo: insistió siempre en que sin sus compañeros no habría logrado nada.
- La humildad en el día a día: la frase de sus padres sobre que no todo da igual como guía cotidiana.
El vínculo con la familia aparece en el libro como uno de los puntos más fuertes. Messi habló de sus padres como quienes le inculcaron que no todo da igual, una frase sencilla que a mí, acá, mientras lo escribo, me resuena como algo que uno escucha de chico en cualquier casa del conurbano. Y también mencionó a Antonela y a sus hijos como reguladores de su estado de ánimo, una manera de poner lo afectivo en el centro de una carrera descomunal.
Otro de los puntos que las autoras rescatan es la relación con el error. Messi no ganó siempre, no jugó bien en todos los partidos, y eso se puede charlar en casa sin bajar la vara: la excelencia no es la perfección, es la pregunta de cómo se mejora la próxima vez. Esa idea, bajada a un nene que juega al fútbol en el club del barrio o que está aprendiendo cualquier otra cosa, tiene peso práctico. Como me dijo el otro día Néstor, el kiosquero de la esquina de casa, mientras le compraba un café: a mí lo que más me sirve de Messi es que se cae y se levanta, y eso lo ven mis hijos todas las semanas.
Después está la cuestión del equipo, que a mí me parece clave para los chicos que se criaron mirándolo jugar. En varios momentos de su carrera, Messi insistió en que sin sus compañeros no habría logrado nada. Para un pibe que juega en un grupo, ya sea en un deporte o en la escuela o en cualquier ámbito colectivo, esa idea tiene una utilidad enorme, porque muchas veces los chicos están bombardeados con el mensaje de que lo importante es lucirse uno solo. El libro toma esa frase y la pone como bandera.
La despedida como punto de partida, no como cierre
La despedida de Messi de la selección cierra un ciclo largo, de eso no hay duda. Pero para las familias que lo siguieron durante casi dos décadas, el momento puede funcionar menos como un final y más como una oportunidad para preguntarse qué quedó de todo eso más allá del resultado final. Las autoras no pretendieron agotar la respuesta: apenas ordenaron el material para que cada familia pueda armar su propia charla.
Yo, mientras terminaba de leer el libro y de armar esta nota, me quedé con una imagen que no es de un partido ni de un gol ni de una Copa del Mundo: es la de un nene sentado en el sillón de su casa, viendo la tele con el viejo, y preguntando por qué ese señor que siempre ganaba ahora se va. La respuesta no la tiene un libro, ni un periodista, ni una madre ni una hija autoras. La respuesta la arma cada familia, acá, en la cocina, con la heladera zumbando de fondo y el mate que se enfría mientras se charla. Y eso, en el fondo, es lo que el libro propone: no un monumento, sino una conversación.
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