Viernes, 28 de agosto de 2026
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Latido Riojano

El peso se sigue licuando en las ventanillas y el agro mira de reojo cómo se atrasa el tipo de cambio

El Banco Nación vendió el miércoles a 1.535 pesos, un nuevo récord nominal, mientras el blue retrocedió cinco y quedó en 1.555. La suba del oficial sigue muy por debajo de la inflación, lo que vuelve a complicar la ecuación de los productores que venden en dólares y gastan en pesos.

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Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

El miércoles amaneció con térmica agradable en la zona núcleo y algo de nubosidad sobre la Pampa Húmeda, una jornada más bien benévola para los maíces tempranos que ya están definiendo rendimiento, aunque todavía sin demasiado calor encima. En los pueblos del interior, el comentario en las mesas de los bares ya no es la falta de lluvia: pasó a ser el precio del dólar en el Banco Nación, que rompió otro techo nominal y se vendió a 1.535 pesos, cinco más que el cierre del martes, en una pulseada cotidiana que parece no tener descanso.

Porque, en paralelo, el dólar blue se movió en sentido contrario y retrocedió cinco pesos hasta los 1.555, lo que dejó la brecha entre el oficial y el paralelo en torno al 1,3%, un número que ya casi no llama la atención pero que, para quien produce trigo, soja o vino en el sur de Santa Fe, en Mendoza o en el Alto Valle, marca el pulso de una economía donde todo se fue recalibrando en estos últimos meses.

La carrera contra la inflación, perdida en la curva

La radiografía de la jornada, mirándola con cierta perspectiva, muestra que el mayorista cerró en 1.514 pesos, con una suba de 2,50 en el día y de 15 en lo que va de la semana, un ritmo mayor que los 9,50 de la semana anterior. El Banco Central, en tanto, pudo comprar 61 millones de dólares en el mercado de cambios, una señal de que hay liquidación del agro y de la industria, aunque eso no haya servido para frenar la escalada del billete en las pizarras.

En lo que va de agosto, el oficial acumula una suba de 29 pesos, alrededor del 2%, y en lo que va de 2026 el avance es de 59 pesos, poco más del 4%. Esas cifras, tomadas de a una, parecen razonables. El problema, como tantas veces se ha señalado en esta sección, es que la inflación ronda el 20% anual, lo que significa que el peso se sigue appreciating a la inversa: cada vez hacen falta más billetes verdes para comprar la misma cantidad de divisas, y quien tiene insumos dolarizados y vende en pesos ve cómo se le escurre el margen por la canaleta del atraso cambiario.

Del surco a la góndola, un camino que se vuelve más caro

Para los productores que viven del campo el movimiento del miércoles es, en sí mismo, moderado: cinco pesos arriba o cinco abajo no mueven el amperímetro. Lo que sí mueve, y mucho, es la diferencia acumulada entre lo que sube el tipo de cambio y lo que suben los costos en pesos: los fletes, los combustibles, los fertilizantes que se ajustan por inflación, las tarifas, los salarios rurales, los impuestos provinciales. Esa brecha, que es la misma de siempre pero acentuada en los últimos meses, es la que termina definiendo cuánto le queda en el bolsillo al tambero de Córdoba, al viñatero de San Juan o al criador de feedlot del oeste bonaerense.

“Con estos números uno cosecha, cobra, y cuando va a pagar el gasoil o la cosecha ya le comieron la suba. El dólar viene subiendo, pero todo lo demás sube más rápido.”Esteban, productor de Marcos Juárez

El cuadro se completa con dos datos que el material de base deja a la vista: por un lado, el consumidor que ahorra en dólares o que paga servicios dolarizados (pasajes, plataformas, cuotas internacionales) enfrenta un encarecimiento concreto, día a día, que se va acumulando. Por otro lado, el productor agropecuario sigue atrapado en una zona donde el oficial sube, sí, pero menos que los precios internos, con lo que el dólar se atrasa en términos reales y le complica la próxima campaña, la próxima inversión en tecnología, la próxima reparación del tractor.

Mientras tanto, el Estado todavía no resolvió el problema de fondo: cómo ordenar una economía donde la moneda local pierde valor a un ritmo muy superior al que puede absorber el tipo de cambio oficial. En la diaria, eso se traduce en impaciencia en las delegaciones del INTA, en reuniones apuradas en las cooperativas y en una sensación cada vez más extendida de que, venga como venga la próxima cosecha, los números no terminan de cerrar.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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