El parador neuquino que no se guarda con el frío: ahora apuesta a devolverle la vida a quienes duermen en la calle
Tras dos meses de abrir sus puertas y recibir a 400 personas en pleno invierno, el refugio de Neuquén se reinventa: seguirá abierto todo el año, sumará etapas de reinserción laboral y familiar y se nutrirá de lo aprendido en un viaje a Ciudad Oculta.

Acá en Neuquén, cuando todavía caía alguna helada tardía y la noche del Alto Valle se hacía larga de verdad, un grupo de personas que hasta entonces dormía a la intemperie empezó a tener un techo seguro. El parador nocturno que la ciudad puso en marcha hace dos meses cerró su primera etapa con un número que, leído en frío, dice mucho: 400 vecinos atendidos y un promedio de 100 asistentes por noche, con picos de hasta 120. Son cifras que no salen de un cálculo optimista: las aportó el propio equipo del dispositivo y aparecen cruzadas con el Registro Nacional de las Personas, lo que les da un peso especial en una provincia donde, cada vez que se habla de políticas sociales, alguien desconfía de los números.
Un refugio que no cierra cuando llega la primavera
La novedad más importante —y la que cambia de cuajo la lógica de estos dispositivos— es que el parador no va a guardar las frazadas con la primera ola de calor. Funcionará todo el año, pero ya no con el formato exclusivamente invernal que conocimos hasta ahora. A partir de la primavera se reconvierte en un dispositivo por etapas, pensado para acompañar procesos de reinserción laboral y familiar, con apoyo de equipos de salud, psicólogos y una red de voluntarios que se fue armando al calor de la demanda. La decisión fue madurando a la par del crecimiento de la demanda y se terminó de delinear después de una visita de trabajo de dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, donde organizaciones con más trayectoria mostraron cómo se hace para que un parador no se transforme en un techo permanente, sino en una escalera hacia afuera.
- Bajo umbral: recibe a cualquier persona en situación de vulnerabilidad, tal como llega, sin exigir condiciones previas ni pedir que abandone consumos problemáticos.
- Mediano umbral: ofrece acompañamiento más estructurado, con grupos terapéuticos y abordajes individuales a cargo del Ministerio de Salud y de los residentes de medicina y odontología.
- Alto umbral: apunta a la salida concreta, con trabajo coordinado para conseguir un empleo, acceder a un alquiler o reconstruir el vínculo con la familia.
El perfil de quienes pasaron por el refugio durante el invierno ayuda a entender por qué el diseño se pensó en capas. Según los datos oficiales, el 92 por ciento de los asistentes son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la propia ciudad de Neuquén. No son, como a veces se supone desde el sentido común, personas de paso o llegadas de otras provincias: son vecinos que por distintas razones se quedaron sin red y terminaron durmiendo en la calle, muchas veces a la vista de todos. Esa matriz explica también que se haya elegido un criterio de "bajo umbral", es decir, la decisión consciente de no ponerles la vara demasiado alta a la entrada, porque la primera urgencia es que pasen la noche bajo techo y coman algo caliente, no que firmen un compromiso de recuperación.
La mecánica del nuevo esquema
En la práctica, el cambio se va a notar desde el primer traslado. El punto de encuentro nocturno dejará de ser lo que era y pasará a funcionar un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde cada persona podrá dejar sus pertenencias con mayor seguridad. Desde allí las y los usuarios serán trasladados al parador, aunque quienes estén en condiciones —y ya las hay— podrán moverse por sus propios medios. La idea es sencilla y a la vez profunda: que el dispositivo deje de ser un parche de emergencia para convertirse en un punto de partida. Quien entra en bajo umbral y acepta quedarse, empieza a ser visitado por los equipos de salud mental, por los podólogos que ya atienden los miércoles, por los residentes de medicina general y odontología, y empieza a participar de grupos terapéuticos que hasta ahora funcionaban con menor frecuencia y que a partir de ahora se van a multiplicar.
“Yo lo que veo acá, en la cola de la noche, es que la mayoría son los mismos de siempre. Vienen con sus bolsos, se conocen entre ellos, y cuando aparece alguien nuevo lo contienen. Eso no lo fabrica ninguna política: lo traen ellos de la calle.”Carlos, voluntario del parador
El acceso sigue siendo voluntario. Las personas se acercan a la Catedral María Auxiliadora, en pleno centro neuquino, y desde allí son derivadas. Todavía hay quienes duermen afuera y no utilizan el espacio, y eso también forma parte del mapa: el parador convive con una realidad que no se resuelve con buenas intenciones, sino con presencia cotidiana y sin promesas exageradas. Para eso, además, se firmó un esquema de trabajo coordinado con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, de manera que nadie quede dando vueltas entre dispositivos que no se hablan. La meta final, dicen los responsables del programa, es que cada persona pueda llegar a un alquiler propio o reinsertarse en un entorno familiar. No es un objetivo menor en un país donde conseguir trabajo estable y un techo digno suelen ir por carriles separados. Por eso, más allá de los números, lo que queda flotando en el aire frío de las últimas noches de invierno es otra cosa: la imagen de un trailer apostado junto al hospital, de frazadas apiladas y de un equipo de gente que decide no mirar para otro lado. Es una imagen chica, neuquina, de acá a la vuelta, pero cuenta una historia grande: que la calle se puede empezar a desandar, aunque sea de a una noche por vez.
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