El jueves dejó al dólar mayorista en $1.511 y al blue en $1.545, con una brecha que sigue cómoda pero que ya nadie descarta que se ensanche
El billete minorista retrocedió cinco pesos en el Banco Nación, mientras el paralelo avanzó la misma cantidad y el crédito al sector privado volvió a crecer apenas 0,6% real en agosto, empujado más por la baja de inflación que por demanda genuina de préstamos.

La jornada de este jueves arrancó con una postal que ya se volvió costumbre en la plaza cambiaria argentina: dos dólares moviéndose en direcciones opuestas, como si cada uno respondiera a un termómetro distinto. El oficial que se consigue en las ventanillas del Banco Nación cedió cinco pesos y cerró en $1.530 para la venta, mientras que el promedio de las entidades financieras se ubicó en $1.533,58, un número que, leído con detenimiento, muestra que la city porteña todavía cobra un plus respecto de la banca pública. En el mostrador, la diferencia se nota: no es lo mismo pedir billetes en una sucursal del Nación que hacerlo en un banco privado, y esa pequeña brecha de poco más de tres pesos es, en definitiva, la primera señal de un mercado que no termina de homogeneizarse.
En lo que va del año, el dólar minorista acumula una suba de 50 pesos, equivalente al 3,4% desde el primero de enero. Para el ahorrista que mira la pizarra con regularidad, eso significa algo muy concreto y que a veces se pierde en el ruido de los porcentajes: cada billete sale hoy cincuenta pesos más caro que a principios de 2026, una cifra que, sin ser estridente, golpea de lleno en quienes viajan, compran tecnología o tienen compromisos en moneda extranjera asumidos cuando la cotización era otra. Esa es, a mi entender, la dimensión más silenciosamente relevante del movimiento reciente: no es la noticia de un salto, sino la confirmación de un goteo que, sumado, reconfigura el poder adquisitivo.
El blue, el mayorista y una brecha que sigue baja pero que incomoda
El mercado informal fue, otra vez, la contracara. El dólar blue avanzó cinco pesos y se vendió a $1.545, aunque en lo que va de septiembre todavía registra una pérdida de diez pesos respecto del cierre de agosto, lo que confirma que el paralelo no encuentra un rumbo definido y que se mueve más por expectativas que por fundamentos firmes. La distancia entre el informal y el oficial minorista se mantuvo en torno al 1%, un nivel bajo en términos históricos, pero que conviene no leer como un dato tranquilizador: cuando la brecha es chica, suele ser porque hay control, y cuando hay control, suele ser porque alguien está conteniendo algo que, de lo contrario, se movería más. Es la lógica de siempre, y no la pierdo de vista.
En el segmento mayorista, donde operan empresas y exportadores con necesidades concretas de cobertura, el tipo de cambio cedió a $1.511, un valor que muestra que la oferta de divisas sigue siendo abundante. El volumen negociado en la jornada anterior superó los USD 680 millones en operaciones de contado, una cifra que, para quien conoce el funcionamiento del mercado de cambios local, es una señal clara de que la liquidación del campo, la industria y los distintos esquemas de ingreso siguen alimentando las arcas de la plaza formal. La pregunta que cabe hacerse es hasta cuándo se sostendrá esa abundancia, y esa, por ahora, no la puede responder nadie.
“Cuando la brecha es chica suele ser porque alguien la está conteniendo, y cuando alguien la contiene, conviene mirar no solo el número sino también quién lo sostiene.”Rosa Quintero, desde la redacción de Campo y vitivinicultura
Crédito al sector privado: crece, pero casi sin que se note
- El financiamiento total al sector privado llegó a $106,5 billones en agosto, con un avance real mensual de apenas 0,6%.
- Ese crecimiento se explica principalmente por la desaceleración de la inflación y no por una mayor demanda genuina de préstamos.
- Comparado con agosto de 2025, el stock de crédito cayó 1% en términos reales, lo que muestra que, más allá del repunte nominal, el sistema sigue financieramente contraído.
- Para quien evalúa tomar un crédito en pesos, la señal es mixta: los saldos crecen menos de lo que la inflación podría haber erosionado, pero la demanda todavía no repunta con fuerza.
Leo esos datos y no puedo dejar de pensar en lo que significa para el productor agropecuario de a pie, ese que maneja la campaña con la calculadora en una mano y el teléfono de la entidad bancaria en la otra. Cuando el crédito crece apenas 0,6% real y la comparación interanual marca una caída del 1%, lo que se está diciendo, sin decirlo, es que el sistema no está financiando al campo ni a la industria con la profundidad que la actividad necesita, y que la baja de inflación, celebrada con razón en otros frentes, no alcanza, por sí sola, para dinamizar la demanda de préstamos. Es, del surco a la góndola, una película que todavía no tiene el financiamiento que la producción requiere para rodar completa.
Cierro esta nota como la empecé: mirando la pajarita del termómetro cambiario, que muestra dos dólares moviéndose en direcciones opuestas, un blue que no termina de encontrar su piso y un mayorista que cede terreno mientras la oferta de divisas sigue siendo holgada. Lo que el Estado todavía no resolvió, y aquí lo dejo planteado, es la articulación entre un mercado cambiario que se muestra calmo y un sistema crediticio que sigue financieramente contraído, dos piezas que, si no se conectan, terminarán por condicionar tanto la inversión productiva como el bolsillo de quienes todos los días se preguntan a cuánto van a estar los billetes cuando lleguen a la ventanilla.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



