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El cruce improbable del cheesecake y la crème brûlée: una torta con costra caramelizada que se horneó en el horno del hogar

A medio camino entre la Nueva York cheesecake y el postre francés, la receta une una base crujiente de galleta, un relleno cremoso cocido en baño maría y una cubierta caramelizada con soplete; requiere reposo nocturno en heladera y admite frutas rojas o helado de vainilla como acompañamiento.

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Ana Belén CorzoTurismo · 28 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

A unos mil cuatrocientos kilómetros al sur de la Ciudad de Buenos Aires, en la zona donde la tradición repostera argentina suele inclinarse por el dulce de leche y la crema, una preparación de origen híbrido empieza a ganar terreno en las cocinas hogareñas: un cheesecake con costra caramelizada que toma del crème brûlée su acabado crujiente final. El procedimiento combina la base de galleta triturada con mantequilla típica de la torta de queso estadounidense, el relleno batido y la cocción en baño maría característicos de la versión neoyorquina, y, en el momento de servir, el shock térmico del soplete que define al clásico francés.

La base y el relleno

La base se prepara con galletas trituradas mezcladas con mantequilla derretida y una pizca de sal, y se prensa sobre el fondo y las paredes de un molde desmontable de aproximadamente veinte centímetros de diámetro, que luego se reserva. Para el relleno se trabaja queso crema a temperatura ambiente con azúcar, huevos enteros, yemas, crema de leche, vainilla y una pequeña cantidad de harina; la integración se hace a velocidad moderada para no incorporar aire en exceso, y la mezcla se vuelca sobre la base ya fría. El horno debe estar precalentado a 160 grados centígrados.

La cocción en baño maría y el reposo

El molde, cubierto con papel aluminio en su exterior para impedir filtraciones, se apoya dentro de una asadera con agua hirviente que llegue hasta la mitad de su altura. Allí la torta permanece una hora y cuarto. Cumplido ese tiempo, se apaga el horno y se deja la puerta entreabierta para que el enfriamiento sea lento y pareja, paso indispensable para evitar que la superficie se agriete. Una vez que la preparación alcanza la temperatura ambiente, se la traslada a la heladera, donde debe permanecer toda una noche antes de recibir el tratamiento final.

La costra caramelizada

Al momento de servir, se cubre la superficie con una capa fina de azúcar impalpable y se carameliza con un soplete de cocina hasta obtener una lámina crujiente y dorada, idéntica a la del crème brûlée. La fuente de calor puntual es insustituible: el horno no concentra la temperatura suficiente como para lograr ese vidriado en pocos segundos, de modo que sin soplete el postre pierde su rasgo más distintivo.

Acompañamientos y guía práctica

Para contrabalancear el dulzor de la cubierta, el plato admite guarniciones ácidas o frías: frambuesas frescas, arándanos o una bocha de helado de vainilla son las combinaciones más frecuentes.

  • Tiempos de cocción: una hora y cuarto en baño maría a 160 °C, más el enfriamiento en horno apagado y el reposo nocturno en heladera.
  • Utensilios clave: molde desmontable de 20 cm de diámetro, asadera profunda, papel aluminio y soplete de cocina.
  • Ingredientes centrales: galleta triturada, mantequilla, queso crema, huevos, yemas, crema de leche, vainilla, harina y azúcar impalpable.
  • Recomendación de temporada: el postre resulta especialmente apropiado para los meses de otoño e invierno, cuando el calor del horno y la superficie caramelizada encuentran mejor recepción que en pleno verano.

Para consultas adicionales sobre la técnica del baño maría o el uso del soplete, la sección Turismo recomienda recurrir a manuales de pastelería profesional y a escuelas de gastronomía locales, ya que no se trata de una preparación apta para improvisar sin experiencia previa.

AB
Ana Belén CorzoTurismo

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