El Chaco debate tejer una red de salud mental que no suelte al paciente ni de noche ni un domingo
Un proyecto que ya tiene media sanción en la Legislatura chaqueña propone reordenar todo lo que hoy funciona disperso bajo un mismo paraguas: equipos interdisciplinarios en cada región, guardias de crisis las 24 horas y un plan personalizado de seguimiento para que nadie quede a la deriva después de una internación.

A veces uno cruza el puente General Belgrano y se topa con la sensación de que el Chaco todavía está edificando sus instituciones a la vista de todos, como quien levanta una casa con los vecinos mirando desde la vereda. En la Legislatura provincial se viene discutiendo, precisamente, una de esas edificaciones que costará años pero que empieza por los cimientos: una Red Provincial de Salud Mental Comunitaria que, si se aprueba, cambiará de raíz la manera en que esta provincia atiende a personas en crisis, a familias que acompañan y a pueblos enteros que hoy quedan lejos de cualquier especialista.
Le cuento de qué se trata, porque la cosa es extensa y vale la pena desgranarla con calma. Lo primero que hay que entender es que la iniciativa no parte de la nada ni propone inventar dispositivos desde cero. Lo que busca, en realidad, es algo más difícil: ordenar todo lo que ya existe bajo un mismo criterio. Hoy, según se desprende del texto que yo mismo pude repasar, los servicios de salud mental en el Chaco funcionan en muchos casos como islas: un hospital que tiene su equipo, un centro comunitario que atiende como puede, un programa nacional que llega con su lógica propia y profesionales que, muchas veces, terminan resolviendo con el teléfono de un colega lo que el sistema no les resuelve.
Una provincia dividida por nodos, no por accidentes geográficos
La idea madre del proyecto es dividir a la provincia en nodos regionales de salud mental que se correspondan con las regiones sanitarias que ya están funcionando. ¿Qué quiere decir esto en criollo? Que donde hoy hay una región sanitaria con sus hospitales, sus centros de salud y sus referentes, mañana debería existir también un equipo de salud mental con base en ese territorio, que conozca la población, que haya mapeado las barreras de acceso y que se vaya armando con psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos.
Acá, en cualquier pueblo del interior chaqueño, eso significa algo muy concreto que no siempre se dice en los papers legislativos: que la persona que sufra una crisis no tenga que subirse a un colectivo durante seis horas para ser atendida, ni depender de la buena voluntad de un profesional que viaja una vez por mes. Carlos, un vecino de Castelli con el que alguna vez me crucé en una cobertura sobre demandas en el Impenetrable, me decía casi resignado que acá, cuando alguien se ponía mal de los nervios, lo mandaban a Resistencia o lo ataba la familia como podía. Esa lógica, si la ley avanza, empezaría a invertirse.
Después de la internación, el momento más delicado
Hay un punto del proyecto que a mí, como cronista de la vida cotidiana, me parece el más revelador: la obligación legal de que ningún paciente salga de una internación o de una crisis sin un Plan Individual de Cuidados firmado y con un equipo responsable asignado. La letra del proyecto es clara en eso: no se trata solo de estabilizar a la persona y devolverla a su casa, sino de garantizar un acompañamiento que contemple al paciente, a su familia y al entorno comunitario.
Cualquiera que haya tenido un familiar atravesando una depresión severa o un episodio psicótico sabe que el alta hospitalaria suele ser un momento de vértigo. De repente, la familia se encuentra en la casa con alguien a quien apenas le habían enseñado a cuidar dentro de cuatro paredes blancas. La ley chaqueña, si prospera, vendría a llenar ese hueco con nombre y apellido: un equipo, un plan escrito, un seguimiento concreto.
“Es la obligación de que ningún paciente salga de una crisis o una internación sin un Plan Individual de Cuidados y un equipo responsable designado.”Texto del proyecto de ley
Guardias que no duermen y prevención del suicidio como política de Estado
El otro eje que a mí me parece fuerte, y que probablemente convoque más debates en el recinto, es la creación de una estrategia provincial de atención de crisis que funcione las 24 horas, los 365 días del año. Cada nodo regional deberá tener sus protocolos: cómo se recibe la consulta, cómo se evalúa al paciente, cómo se actúa cuando hay riesgo cierto y, sobre todo, cómo se garantiza que lo que pase de noche no quede colgando a la mañana siguiente.
A la par, el proyecto pone a la prevención del suicidio en un lugar específico, no como un capítulo decorativo sino como una obligación de gestión: integrar los programas provinciales que ya existen, priorizar el seguimiento de las personas en riesgo y desarrollar acciones de posvención para los allegados que quedan atravesando un duelo de esas características. La capacitación de los equipos involucrados, hay que decirlo, llega en el texto hasta donde el material me permite contarlo, y queda entre las tareas a desarrollar por el Ministerio de Salud.
Si la ley se aprueba, el Ministerio de Salud chaqueño tendrá 180 días para presentar un plan de implementación con metas a cinco años, lo que en la práctica significa que este año todavía no veremos los nodos funcionando a pleno, pero sí empezaremos a ver cómo se ordena lo que hoy parece un rompecabezas. Yo, mientras tanto, voy a seguir volviendo al Chaco con la libreta debajo del brazo, tomando unos mates con vecinos como Carlos y mirando cómo una provincia entera aprende, despacio, a cuidar a los suyos sin soltarlos de la mano.
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