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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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El aguinaldo se fracciona y los sueldos se estiran: la pelea de las pymes bonaerenses para no echar gente

La baja del consumo obliga a fábricas de la provincia de Buenos Aires a estirar pagos, revisar cada gasto y dividir el medio aguinaldo, mientras la presión impositiva y la competencia importada siguen golpeando la estructura de costos.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 4 min de lectura
El aguinaldo se fracciona y los sueldos se estiran: la pelea de las pymes bonaerenses para no echar gente

En un escenario donde cada peso que entra por ventas cuenta, las pymes industriales de la provincia de Buenos Aires volvieron a poner en marcha el manual de supervivencia que conocen de memoria: fraccionar el aguinaldo, postergar pagos a proveedores, estirar los plazos de créditos y revisar gasto por gasto con un solo objetivo central sobre la mesa, que no es otro que sostener la planta de personal sin resignar un solo puesto de trabajo, aunque eso signifique apretarse el cinturón mes a mes hasta que el consumo vuelva a levantar la cabeza y la facturación deje de retroceder como viene haciéndolo en los últimos meses.

La mecánica es tan conocida como preocupante para quienes la atraviesan: cuando una fábrica vende menos, sus ingresos caen en forma directa e inmediata, pero sus obligaciones fijas —sueldos, contribuciones, servicios, cuotas de créditos bancarios, alquileres— no esperan ni se acomodan automáticamente al nuevo ritmo de la caja. Esa brecha entre lo que entra y lo que hay que pagar es la que hoy presiona a buena parte de las pequeñas y medianas industrias bonaerenses, y la que explica buena parte de las decisiones que se toman puertas adentro de cada empresa para evitar el paso más temido, que es el telegrama de despido.

Patricia, de Jomsalva: sostener la antigüedad como prioridad

Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva, una empresa fabricante de compuestos de caucho con 53 años de trayectoria en el mercado argentino, describió la dinámica con una precisión queresume lo que viven muchas firmas del sector. Cuando la rentabilidad empieza a mermar, dijo, las dificultades se acumulan mes a mes y se van trasladando hacia adelante, hasta que la rueda se acomode. Frente a ese cuadro, las pymes buscan todas las alternativas posibles antes de recurrir a despidos. Uno trata de sostener y de no echar, afirmó la directiva en diálogo con este portal, porque la decisión de cortar un vínculo laboral siempre se vive como una derrota para el dueño de una pyme familiar.

En Jomsalva, el plantel tiene una antigüedad promedio cercana a los 15 años, lo que convierte a cada empleado en algo más que un puesto: es un trabajador que conoce los procesos, que fue formándose dentro de la fábrica y que sostiene con su tarea diaria la historia misma de la empresa. Ese vínculo de largo plazo, según Malnati, refuerza el compromiso mutuo entre la firma y su gente durante los períodos de menor actividad, y explica por qué la prioridad de la conducción pasa por preservar la fuente de trabajo antes que cualquier otro ajuste.

El peso de los impuestos y la presión de lo importado

En ese menú, la carga tributaria ocupa un lugar cada vez más visible en las planillas. El impuesto sobre los Ingresos Brutos puede representar hasta un 3 por ciento de la facturación, mientras que las tasas municipales de seguridad e higiene llegan al 8 por ciento según el distrito. Ambos conceptos deben cubrirse incluso cuando las ventas retroceden, lo que convierte a la presión fiscal en una de las variables más pesadas a la hora de cuadrar los números. El costo argentino, el nivel impositivo nos saca totalmente, resumió Malnati, en una frase que condensa el reclamo que se repite en buena parte del parque industrial bonaerense.

A esa presión interna se suma la competencia de productos importados, en especial de origen chino, que ingresan al mercado a precios que las fábricas locales no siempre pueden igualar y que profundizan la caída de ventas. Malnati aclaró que no todos los productos importados son de baja calidad —hay variedad, hay algunos muy buenos, reconoció—, pero al mismo tiempo reclamó controles más firmes sobre la subfacturación, la práctica por la cual se declara un valor menor al real de una mercadería al ingresar al país para reducir el pago de impuestos de importación.

Del surco a la góndola, la cadena de valor que une a las pymes con los consumidores atraviesa uno de sus peores tramos: la industria produce, pero el consumo no convalida los precios, las importaciones presionan la rentabilidad y el Estado todavía no resolvió el problema de fondo, que es cómo bajar la presión impositiva sobre las pequeñas y medianas empresas en los momentos en que más necesitan aire para sostenerse sin reducir personal.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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