Dólar quieto, inflación corriendo: la pulseada que el bolsillo viene perdiendo hace meses
El tipo de cambio cerró en $1.535 para la venta en el Banco Nación y acumuló una suba de apenas 4% en lo que va del año, mientras los precios treparon a más del triple de ese ritmo. En el campo y en la góndola, esa diferencia se traduce en márgenes que se achican y en productos que ya no se pueden pensar en pesos.

Soy Rosa Quintero, y arranco por lo que cuenta la pizarra antes de meternos en el tema de fondo: el arranque de la jornada en el campo y en las ciudades del centro del país se presenta con cielo cubierto, algo de viento del sudoeste y temperaturas templadas que, en plena vendimia y en plena siembra de los cultivos de gruesa, resultan razonables; no hay extremos, no hay heladas tardías a la vista y la planta aprovecha para terminar de madurar lotes de uvas tintas que venían algo retrasados por la falta de sol de los últimos días, lo que en definitiva es una buena noticia para los productores que están definiendo fecha de cosecha.
Ahora bien, cuando uno mira la pizarra del dólar, el panorama también muestra una calma similar: el tipo de cambio minorista volvió a quedar clavado en $1.535 para la venta al público en el Banco Nación, el cuarto día consecutivo sin movimiento, y el dólar informal bajó apenas cinco pesos hasta los $1.545, una brecha de apenas $10 con el oficial que, para los estándares históricos del país, es prácticamente una diferencia de anécdota.
Una suba de 4% contra una inflación de 33%
El problema serio aparece cuando uno compara esa calma cambiaria con lo que está pasando con los precios. En los últimos doce meses, el dólar mayorista subió $133, un 9,6%, desde los $1.380 de mediados de octubre del año pasado, mientras que la inflación interanual superó el 33%, un dato oficial que cualquier ama de casa o cualquier productor del interior confirma cada vez que va al almacén o que compra un insumo.
En términos acumulados desde enero, el peso se depreció apenas $58 contra la moneda estadounidense, lo que representa un 4% en todo el año, un número que en la Argentina de hoy se lee casi como estabilidad, pero que puesto al lado de la inflación termina contando otra historia: quien guardó billetes en pesos vio cómo el costo de vida trepó a más del triple de la velocidad a la que se movió el tipo de cambio, y eso es algo que se siente en la góndola, en el precio de la uva que se paga en el establecimiento, en el valor del gasoil y en el de los fertilizantes.
- Dólar minorista en Banco Nación: $1.535, sin cambios por cuarto día consecutivo.
- Dólar informal: $1.545, con una baja de $5 en la jornada.
- Dólar mayorista: $1.513, volumen operado de USD 510,7 millones.
- Acumulado en 2026: suba de $58, equivalente a 4% en el año.
- Variación interanual del mayorista: $133, un 9,6%.
- Inflación interanual: superior al 33%, según datos oficiales.
“El dólar mayorista mantiene su estabilidad y continúa por debajo de los $1.515, una calma que los operadores reciben con buenos ojos.”Gustavo Ber, economista
El economista Gustavo Ber, al analizar la jornada, destacó que la divisa mayorista sigue moviéndose en un rango muy estrecho, por debajo de los $1.515, y describió esa quietud como bienvenida por el mercado, aunque advirtió que ese mismo ritmo lento es el que deja al peso perdiendo la carrera contra los precios mes tras mes, algo que en el interior productivo se traduce en un esquema en el que los costos suben más rápido que lo que se puede actualizar el precio de venta, y donde el productor termina financiando con su propio margen la diferencia.
Del surco a la góndola, la misma pulseada
En esa cadena que va del surco a la góndola, el número del 4% de devaluación contra el 33% de inflación interanual no es un dato abstracto: es lo que explica por qué el vino en la mesa, la uva que se pagó en el viñedo, los agroquímicos en el galpón y hasta el flete que lleva la cosecha terminan recalculándose cada vez más seguido, porque nadie quiere quedar atrapado entre un precio que se congela y un costo que sigue corriendo, y porque la estabilidad del tipo de cambio, cuando se la mira de cerca, deja afuera el componente más pesado del costo cotidiano.
Lo que el Estado todavía no resolvió, y esta es la cuestión de fondo que sobrevuela la pizarra del día, es justamente cómo encaja una política cambiaria que apunta a mantener quieto al dólar con una economía en la que los precios siguen corriendo a un ritmo muy superior, y esa distancia, que en los números parece técnica, en la práctica diaria se traduce en productores que cobran lo mismo en pesos por su cosecha mientras pagan cada vez más por lo que necesitan para producir, y en consumidores que sienten que, pese al dólar quieto, la cuenta del supermercado no termina de acomodarse, y por ahora, no hay un puente claro que cierre esa brecha.
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