Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Latido Riojano

Latido Riojano

Portada — Vida —

Dar la vuelta al mundo en una silla de ruedas: la aventura de Fletcher y Lachie por cuatro continentes

Un joven australiano que quedó parapléjico a los 17 y su amigo, terapeuta en un centro de rehabilitación, recorrieron Europa, Asia, África y América del Sur durante tres meses. Subieron 268 escalones, bucearon con tiburones y durmieron en una capilla del siglo X. Acá, su historia.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Dar la vuelta al mundo en una silla de ruedas: la aventura de Fletcher y Lachie por cuatro continentes

Esto que les voy a contar pasa en una parte del mundo que queda muy lejos de acá, pero tiene esa cosa que a mí, cada vez que la escucho, me hace parar un rato y pensar. Ocurrió con dos pibes australianos, Fletcher Crowley y Lachie Bennett, que un buen día se subieron a un avión con una sola idea en la cabeza: dar la vuelta al mundo en silla de ruedas, sin pedirle permiso a nada ni a nadie. Y la cumplieron, durante tres meses, a lo largo de cuatro continentes.

Una amistad que arrancó en una guardia nocturna

Fletcher tenía 17 años cuando se fracturó dos vértebras en un accidente en bicicleta de montaña y quedó parapléjico. Puede pararse y dar unos pasos, pero el esfuerzo lo deja sin aire enseguida. Años después entró a un centro de rehabilitación para personas con lesiones medulares, y ahí se reencontró con un compañero del colegio, Lachie, que trabaja como terapeuta en ese mismo lugar. La amistad, me contó una fuente cercana al centro, se consolidó durante una cena de turno nocturno, cuando los dos se dieron cuenta de que compartían algo más que el pasado escolar: les gustaba la música, la moda, conocer gente nueva y, sobre todo, enfrentarse a experiencias que a otros les darían vértigo. Los dos, además, habían lidiado con episodios de ansiedad y habían aprendido a manejarlos, y esa coincidencia íntima fue, según coinciden quienes los conocen, el verdadero cemento del vínculo.

Héctor, un vecino del barrio donde vive la familia de Fletcher en Sídney, me dijo por teléfono que lo conoce desde chico y que nunca lo vio quedarse quieto: "Este pibe siempre fue de los que inventan algo, los que te dicen 'dale, vamos'. Que haya seguido viajando así no me sorprende, la verdad". Lo cuento porque me parece que ayuda a entender de dónde sale la energía de estos dos.

La vuelta al mundo que arrancó casi sin querer

El viaje grande empezó, como muchas cosas importantes, casi de pura casualidad. Estaban planeando una escapada de dos semanas cuando apareció la posibilidad de comprar un ticket de vuelta al mundo con múltiples escalas. Lo compraron sin pensarlo demasiado, y el itinerario terminó incluyendo Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica, todo comprimido en tres meses. Es decir, lo que cualquier agencia de turismo te vende como un producto premium, ellos lo armaron con ahorros propios al principio y, después, cuando empezaron a publicar videos y la respuesta fue enorme, con el empujón de una campaña de micromecenazgo que les dio margen para ser más espontáneos.

La logística, aclaran, no siempre fue sencilla. Algunos lugares directamente no eran accesibles y hubo que buscar rutas alternativas o apelar al recurso de Lachie cargando a Fletcher a cuestas. "Puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione", resumieron ellos en una de las tantas entrevistas que dieron al volver. La frase que eligieron como lema del viajeresume todo: "El mundo no es accesible, nosotros lo somos".

Yo, la verdad, cada vez que me cruzo con una historia así me pasa lo mismo: me quedo un rato en silencio, mirando por la ventana, imaginándome a esos dos pibes cargando la silla por una escalera de 268 peldaños en Hong Kong, o durmiendo en una capilla del siglo X en un pueblo cerca de Niza al que ni sé bien cómo llegaron. Son las imágenes, más que los datos, las que se quedan dando vueltas. Y me parece que en un mundo donde todo el mundo se queja de que algo no se puede, Fletcher y Lachie acaban de dejar una pequeña enseñanza escrita con el cuerpo: que cuando la voluntad le gana al obstáculo, lo que queda no es una hazaña, es una manera de estar vivos.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo