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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuidar el cerebro desde la mesa, la vereda y el consultorio: la receta que la ciencia empezó a probar en América latina

Un estudio que siguió a más de mil personas mayores durante dos años en once países, con participación argentina, mostró que combinar alimentación, movimiento, actividad mental, vínculos y control cardiovascular puede mejorar la cognición. Lo que dejó el encuentro internacional que se realizó en Buenos Aires.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Cuidar el cerebro desde la mesa, la vereda y el consultorio: la receta que la ciencia empezó a probar en América latina

Acá, en Buenos Aires, mientras la rutina de la ciudad sigue su pulso de siempre, un grupo de especialistas de distintos países se sentó a discutir algo que nos toca a todos cuando pasan los años: cómo cuidar la memoria y las capacidades del cerebro antes de que empiecen a fallar. Lo hicieron con datos, no con promesas, y los números que presentaron llaman la atención, porque no vienen de un laboratorio aislado sino de la vida real de la gente. Yo quiero contarles de qué se trata, porque detrás de cada cifra hay una mesa familiar, una plaza, un vecino que toma su medicación y otro que todavía no sabe que tendría que controlarse la presión.

El encuentro puso sobre la mesa el estudio LatAm-FINGERS, una investigación que durante dos años siguió a 1.065 personas de entre 60 y 77 años distribuidas en once países de la región. La idea de fondo es bastante sencilla de explicar, aunque llevarla a la práctica cueste: la demencia no aparece de un día para otro por culpa de un único factor, sino que se va gestando durante décadas, influida por lo que comemos, cuánto nos movemos, cómo mantenemos activa la cabeza, qué tan acompañados estamos y, sobre todo, cómo andan nuestros vasos sanguíneos. Por eso, los especialistas insisten en que la prevención tiene que ser un combo, no un menú a la carta.

Cinco frentes, una misma estrategia

  • Alimentación saludable, adaptada a los productos y costumbres de cada lugar.
  • Actividad física regular, pensada para sostenerla en el tiempo.
  • Estímulo cognitivo: aprender, leer, jugar, ejercitar la mente.
  • Vínculos sociales: el contacto con otros como parte del tratamiento.
  • Control de los factores cardiovasculares: presión arterial, glucosa, colesterol y abandono del tabaco.

Me detengo en el último punto porque suele ser el más olvidado. La hipertensión, la diabetes y el tabaquismo lastiman los vasos que nutren al cerebro, y un cerebro mal irrigado es un cerebro que se deteriora más rápido. Por eso, en este enfoque la consulta médica periódica no es un trámite: es una de las patas centrales del plan. Lo dijo con claridad Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS, en una frase que vale la pena guardar: "La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales". Es decir: la ciencia marca el rumbo, pero cada comunidad le da su propio ritmo.

Ese principio se notó en los resultados. Los participantes fueron divididos en dos grupos: uno recibió una intervención más estructurada, con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; el otro contó con recomendaciones para incorporar los hábitos por cuenta propia, con mayor autonomía. Los dos recibieron orientación preventiva, pero a distintas intensidades. Y los datos que se presentaron en el encuentro fueron auspiciosos: quienes transitaron la intervención más acompañada mostraron una mejora en la cognición global, y algo tan importante como eso, que el 80 por ciento mantuvo una adhesión moderada o alta al programa y el 84,9 por ciento completó la evaluación final. Es decir: la gente no abandonó.

Ahora bien, ojo con una lectura apresurada, y ahí quiero ser claro como me enseñaron los viejos cronistas de barrio: estos resultados no significan que comer bien, caminar y charlar garanticen que uno esquive la demencia. La demencia es compleja, tiene causas que todavía no terminamos de entender, y cada cerebro es un mundo. Lo que sí muestra el estudio es algo más modesto pero igual de valioso: que es posible armar un programa preventivo que la gente sostenga en el tiempo, que se adapte a las cocinas y a las costumbres de cada país, y que mejore al menos algunos indicadores cognitivos. Es un avance, no una cura, y conviene leerlo como lo que es: una herramienta más en una pelea larga.

Mientras terminaba la jornada, en la puerta del edificio donde se realizó el encuentro me crucé con Roberto, un vecino de 72 años que venía de hacerse el control anual y se quedó escuchando la transmisión por el celular. Me dijo algo que se me quedó grabado: "Yo sé que no voy a volver a los 30, pero si puedo llegar a los 80 con la cabeza lúcida para reconocer a mis nietos, ya está". Esa, creo, es la mejor manera de entender de qué hablamos cuando hablamos de prevención: no de volver atrás, sino de estirar el tiempo en que uno sigue siendo uno.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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