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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando la gripe se vuelve una urgencia: las señales que no conviene dejar pasar

El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que una mejoría seguida de un empeoramiento brusco puede marcar el inicio de complicaciones serias, desde neumonía hasta eventos cardíacos. Cuándo consultar, quiénes están más expuestos y por qué la vacuna anual sigue siendo la herramienta clave.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Cuando la gripe se vuelve una urgencia: las señales que no conviene dejar pasar

Hay una frase que uno repite en esta profesión cada vez que arranca el frío y las guardias empiezan a llenarse de toses: la gripe no es un resfrío grande. Es otra cosa. Y lo digo porque, aunque la enorme mayoría se repone en casa con reposo y buena hidratación, hay un puñado de señales que pueden cambiar el rumbo del cuadro en cuestión de horas. Conversé este tema con colegas que están siguiendo los reportes sanitarios y me quedaron dando vueltas las palabras del infectólogo Dhatri Kotekal, de la Cleveland Clinic, sobre todo una: cuando alguien empieza a sentirse mejor y, de un día para el otro, vuelve a empeorar, hay que sentarse a prestar atención, porque ahí puede estar naciendo una neumonía u otra complicación seria.

Pensemos en lo que pasa adentro del cuerpo. La influenza es un virus que entra por la nariz o la boca y se instala en las vías respiratorias. En la mayoría de los casos, el sistema inmunitario lo controla en una o tres semanas. Pero el esfuerzo que hace el organismo para defenderse deja las defensas debilitadas, y esa puerta entreabierta es la que aprovechan bacterias y otros virus para sumar daño. Por eso el especialista consultado por la clínica estadounidense insiste en mirar la evolución tanto como los síntomas del arranque.

Las señales que justifican una consulta sin demora

Falta de aire, dolor o presión en el pecho y labios o uñas con tono azulado encabezan la lista de motivos para ir a una guardia. También deben encender la alarma la confusión, el desmayo, los vómitos reiterados y la deshidratación severa. En los más chicos, la respiración acelerada y un llanto que no se calma con nada son motivos suficientes para pedir ayuda.

Quiénes tienen que mirar con más atención

Acá viene el punto que más me interesa transmitir, porque conozco de cerca varios casos de vecinos que arrastraban una diabetes controlada o una enfermedad cardíaca estable y subestimaron una gripe. Kotekal lo dice sin rodeos: en personas con diabetes, enfermedades renales, cardíacas, pulmonares u obesidad, el deterioro puede darse en apenas 24 o 48 horas. También son población de riesgo los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, aclará el especialista, aunque no lo elimina.

Me lo crucé el otro día a Osvaldo, que tiene 72 años y tres operaciones en su vida al kiosco de la esquina. Me decía que él a la gripe la trata como a un resfrío fuerte, con un té bien caliente y un día en cama. Le conté lo de los plazos de 48 horas y se quedó pensando. A veces alcanza con explicar cómo funciona el reloj interno del cuerpo para que uno tome otra decisión.

Las complicaciones que el especialista enumera

  • Neumonía: la más frecuente entre las potencialmente mortales. Puede ser por el propio virus avanzando sobre los pulmones o por una bacteria que aprovecha el cuerpo debilitado.
  • Sepsis: una reacción fuera de escala del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos del propio paciente.
  • Empeoramiento del asma o de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, con riesgo de insuficiencia respiratoria.
  • Eventos cardiovasculares: en personas con antecedentes cardíacos, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión y desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular.

Y acá va la recomendación que el infectólogo repite cada temporada y que, sin embargo, todavía genera dudas: la vacunación anual. Tanto la influenza A como la B pueden dar cuadros graves, así que el tipo de virus no descarta el riesgo individual. La vacuna no es una promesa de cero gripe, pero sí una forma concreta de acortar el partido y, sobre todo, de evitar las complicaciones que terminan en terapia intensiva.

Cierro con una imagen que me quedó dando vueltas mientras escribía esta nota. Imagínense una cocina encendida a fuego fuerte durante horas: la mayoría de las veces el guiso sale perfecto, pero si la olla pierde agua y nadie mira, lo que era una comida rica se convierte en algo quemado. Con la gripe pasa algo parecido. Mientras el cuerpo pelea, hay que quedarse cerca de la cocina, controlar el fuego y, si el humo empieza a ser raro, no esperar a mañana. La diferencia entre un mal día y una internación está, muchas veces, en esa decisión que parece chica.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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