Cuando el mensaje de la pareja se vuelve un rompecabezas: dos psicólogas explican cómo salir del loop de las suposiciones
Una respuesta seca, un 'ok' escueto o un silencio de veinte minutos pueden disparar teorías enteras sobre lo que siente el otro. Las especialistas Marina Mammoliti y Karina Carreño detallan por qué el cerebro completa lo que no sabe con viejas heridas y cómo cortar ese círculo antes de que la discusión explote.

Acuérdese de la última vez que mandó un audio y del ese 'dale' que le cayó como un baldazo de agua fría. O de aquella vez que el teléfono tardó un poco más de lo habitual y, sin saber por qué, ya estaba imaginando lo peor. Si esa escena le resulta familiar, no está solo: es un clásico de la vida cotidiana de cualquier pareja, y de eso se trata precisamente esta nota que me mandó a investigar cómo algo tan pequeño como un par de palabras en una pantalla puede convertirse en el inicio de una tormenta con final incierto.
Acá, en las charlas que una y otra vez se repiten en los consultorios y en las mesas de los bares de cualquier barrio porteño, la neuropsicóloga Karina Carreño y la psicóloga Marina Mammoliti vienen dando vueltas sobre un mismo punto: la sobreinterpretación de mensajes es uno de los motores más frecuentes de las peleas de pareja, y casi siempre opera en piloto automático, sin que nos demos cuenta de que estamos fabricando una novela entera a partir de tres puntitos suspensivos.
El primer paso: separar lo que pasó de lo que imaginamos
Antes de responder cualquier mensaje que nos deje con la piel de gallina, las especialistas insisten en una operación sencilla pero difícil de cumplir en la práctica: distinguir entre el hecho y la interpretación. Que la pareja haya contestado con pocas palabras es algo comprobable; que esté enojada, triste o distante, ya es una suposición. Suena lógico escrito acá, en frío, pero cuando el corazón se acelera, esa frontera se vuelve invisible y terminamos reaccionando como si la conjetura fuera un hecho consumado.
“Cuando falta información sobre lo que siente o piensa el otro, el cerebro intenta anticiparlo. Para completar lo que no sabe, recurre a experiencias anteriores, a viejos miedos, a inseguridades que uno carga sin darse cuenta.”Karina Carreño, neuropsicóloga
Por qué el cerebro completa lo que no sabe
- Una demora de veinte minutos se convierte en pérdida de interés, aunque no haya un solo elemento que sostenga esa lectura.
- Un 'ok' escueto pasa a significar enojo, cuando en realidad puede ser cansancio, apuro o simplemente un modo de escribir.
- Una necesidad legítima de estar a solas se vive como indiferencia si existe miedo al abandono.
- Inseguridades, baja autoestima o antecedentes de infidelidad funcionan como combustible que aviva la sospecha.
Marta, vecina del barrio de Once con la que me crucé mientras terminaba de armar esta nota, me lo dijo con una sinceridad que desarma: 'Yo antes le retaba el teléfono a mi marido como si fuera un enemigo. Después entendí que el teléfono no me había hecho nada, que el problema era mío, que tenía miedo de que se cansara de mí'. Esa frase, que parece sacada de un consultorio, resume mejor que cualquier manual lo que Mammoliti describe cuando habla de mirar primero qué nos está pasando a nosotros antes de intentar descifrar al otro.
Para Carreño, la salida más sana pasa por hacer algo que a muchos nos cuesta muchísimo: preguntar de manera directa y, sobre todo, aprender a convivir con respuestas que no llegan en el momento exacto en que aparece la inquietud. Pedir explicaciones compulsivas o reclamar seguridad en forma reiterada, advierte, termina desgastando la confianza y retroalimentando el problema que uno quería resolver.
Volver a los hechos y abrir el diálogo
La propuesta que ambas especialistas comparten es, en el fondo, bastante revolucionaria en los tiempos que corren: volver a hablar cara a cara, volver a preguntar sin, volver a confiar en lo que se dice y no en lo que se imagina. Mammoliti lo resume con una idea que me quedó dando vueltas: en vez de concentrarnos únicamente en descifrar a la otra persona, conviene reconocer qué emoción nos está despertando ese silencio o esa respuesta seca, porque ese corrimiento del foco es el que permite interrumpir la interpretación constante y recuperar una conversación que, de otro modo, se pierde para siempre en el laberinto de las suposiciones.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Vuelve a abrir el paso Mamuil Malal: cuándo y en qué horarios se podrá cruzar a Chile

Día Mundial para la Prevención del Suicidio: claves para detectar señales de alerta

