Cuando el cuerpo pide agua y cuándo pide otra cosa: la guía para no equivocarse de botella
Reponer líquidos no es solo cuestión de tomar líquido: la OMS advierte que una bebida deportiva no reemplaza a las sales de rehidratación oral durante una diarrea, y que los suplementos de electrolitos rara vez hacen falta en la vida cotidiana.

Acá, en la redacción, solemos repetir una frase que mi viejo me decía cada vez que me veía con la botella en la mano: "No es lo mismo apagar la sed que reponer lo que se pierde". Esa distinción, que parece un detalle menor, es en realidad la llave para entender por qué la Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales de rehidratación oral frente a un cuadro diarreico, y por qué, en cambio, un vecino del tercer piso, Juan Carlos, me decía el otro día mientras regaba las plantas del edificio que él "tomaba Gatorade para todo" sin tener la menor idea de que estaba mezclando dos cosas muy distintas.
Porque la confusión es bastante común: se cruzan permanentemente la hidratación de todos los días, la reposición después de hacer ejercicio y la recuperación de una diarrea, y se termina metiendo todo en la misma bolsa. Y no, no es lo mismo. Cada situación tiene su lógica, sus cantidades y, sobre todo, sus proporciones de sales y azúcares.
Por qué la diarrea pide una fórmula específica
La diarrea hace perder agua, pero también electrolitos, y los pierde en una proporción que ni el agua sola ni una bebida deportiva alcanzan a compensar. Por eso la OMS y Unicef recomiendan las llamadas sales de rehidratación oral, que son mezclas con proporciones definidas de glucosa y electrolitos. La glucosa cumple un papel central: ayuda al intestino a absorber el sodio y, junto con él, el agua. La fórmula se completa con cloruro, potasio y citrato, todos en cantidades pensadas para reponer lo que se va y nada más.
Una bebida isotónica común puede parecerse en la etiqueta, pero no fue pensada para ese cuadro. Su composición apunta a otra cosa: acompañar el esfuerzo físico prolongado, no revertir una deshidratación por pérdida digestiva. De ahí que los organismos internacionales insistan en que, ante una diarrea importante, sobre todo si hay confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, hace falta atención médica. Ninguna bebida elegida por cuenta propia reemplaza esa evaluación.
En el día a día, la comida hace la mayor parte del trabajo
- Frutas, verduras y legumbres: principales fuentes de potasio.
- Lácteos, semillas, frutos secos y algunos vegetales: aportan calcio y magnesio.
- Sal y alimentos preparados: cubren las necesidades de sodio y cloruro.
- Agua y atención a la sed: suelen alcanzar para la hidratación habitual.
Lo que muchos no terminan de asumir es que, sin pérdidas importantes de líquido, no hay beneficios demostrados de incorporar electrolitos de manera rutinaria a través de suplementos. Los especialistas lo repiten con énfasis: para la hidratación cotidiana suelen bastar el agua, las comidas regulares y, sobre todo, prestarle atención a la sed, esa señal tan antigua como el cuerpo mismo.
Y el ejercicio, ¿cambia la ecuación?
Acá es donde la cosa se vuelve más personal, porque ya no alcanza con mirar la etiqueta: hay que mirar el reloj, el termómetro y la propia transpiración. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, sobre todo cuando se superan los sesenta minutos y el calor o la humedad aprietan. Para ejercicios más cortos, la evidencia de que esas bebidas mejoren algo frente al agua es, en el mejor de los casos, escasa.
No existe, además, una cantidad idéntica para todos: la sudoración y las pérdidas de sales varían de persona a persona. Y así como quedarse corto trae sus problemas, pasarse de agua también puede alterar el sodio en sangre, un cuadro conocido como hiponatremia que, en los últimos años, dejó de ser raro en carreras de larga distancia. La regla, entonces, es la misma que aplicamos en la redacción: no inventar datos ni copiar de memoria lo que no se sabe, sino leer cada caso y, sobre todo, no tomar a la ligera lo que el cuerpo está pidiendo.
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