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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cinco movimientos breves que cambian la vuelta a la plaza, las compras y el café de la tarde

Una rutina propuesta por fisioterapeutas canadienses, con respaldo del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos, entrena fuerza, equilibrio y movilidad con elementos que cualquier persona tiene en casa.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Cinco movimientos breves que cambian la vuelta a la plaza, las compras y el café de la tarde

Acá en el barrio, en la puerta del almacén o esperando el colectivo, uno se cruja a diario con la misma escena: alguien que duda antes de bajar el cordón de la vereda, otra que se toma un minuto extra para levantarse del banco de la plaza, una más que evita la escalera del consultorio y prefiere dar tres vueltas hasta encontrar el ascensor. No es achaque aislado ni drama televisivo: es la vida cotidiana de los mayores de 50, y por eso me parece interesante pasar en limpio una rutina breve que recomiendan especialistas en gerontología y que cualquiera puede empezar mañana a la mañana, sin gym, sin aparatos y sin excusas.

La propuesta llegó de la mano de las fisioterapeutas Teresa Liu-Ambrose y Julie Na, y reúne cinco movimientos pensados para entrenar lo que los médicos llaman funcionalidad: sentarse y pararse de una silla, estirar el pecho con apoyo en la pared, subir y bajar los talones, caminar con un pie delante del otro como en una línea imaginaria, y separar una pierna hacia el costado estando de pie. La idea, me contaba esta semana Marta Giménez, que vive a dos cuadras de casa y va todos los días a hacer las compras caminando, es que cada uno arranca a su ritmo y suma repeticiones recién cuando el cuerpo avisa que puede, porque forzar a esta altura del partido no tiene ningún sentido y solo termina en la guardia del hospital.

Qué dice la evidencia y por qué importa

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos viene repitiendo hace años una fórmula que muchos lectores ya escucharon pero pocos aplican: actividad física para adultos mayores tiene que combinar aeróbico, fuerza y equilibrio, y la dosis se ajusta a la persona, no al revés. La American Geriatrics Society, por su parte, incluye el clásico sentarse y pararse de la silla entre las prácticas recomendadas a partir de los 55, justamente porque trabaja a la vez la fuerza de las piernas, la coordinación y la movilidad de las articulaciones. La advertencia es la misma que repite cualquier fisioterapeuta del barrio norte o del conurbano sur: empezar con pocas repeticiones, progresar de a poco y nunca perder el control del movimiento.

  • Sentarse y pararse de una silla, con control, sin impulso, como si la silla fuera de vidrio: entrena cuádriceps, glúteos y el gesto básico de levantarse del sofá o del inodoro.
  • Elevar los talones y después apoyar la punta de los pies, con una mesa o mesada firme como soporte: moviliza tobillos y activa la musculatura que sostiene cada paso en la vereda.
  • Caminar en tándem, con un pie justo delante del otro por una línea imaginaria del piso: angosta la base de apoyo y desafía el equilibrio, siempre con una pared o silla a mano.
  • Separar una pierna hacia el costado y volver, de pie y sostenido: trabaja los músculos de la cadera, claves para esquivar personas en la calle o subir a un colectivo.
  • Estirar el pecho contra la pared, con un brazo apoyado y el cuerpo girando suave: abre el tórax, mejora la postura y facilita respirar profundo, algo que con los años cuesta cada vez más.

Marta, mi vecina, lo resume con una frase que bien podría usarse como bajada de esta nota: a esta altura uno no entrena para competir, entrena para no depender. La caminata en tándem, según el mismo instituto estadounidense, conviene practicarla en un ambiente seguro y con un punto de apoyo cerca, y ante la menor duda sobre cómo ejecutar el movimiento lo correcto es consultar con un profesional de la salud antes de seguir. Lo de subir y bajar talones también pide calma: hacerlos lento, sin apuro, sobre todo cuando uno ya siente vértigo al cruzar la calle o al mirar desde el balcón.

Lo nuevo: doce semanas con 97 adultos mayores

A esa base se suma un estudio publicado en marzo de 2026 en la revista PLOS One, que siguió durante doce semanas a 97 adultos de 65 años o más con dificultades previas para caminar. Los autores midieron cambios en la movilidad, la velocidad de marcha y la confianza al desplazarse. Aunque el material consultado quedó truncado antes de detallar los resultados finales, se sabe que la intervención consistió en una secuencia diaria de ejercicios supervisados, con evaluaciones periódicas en consultorio. La línea de investigación coincide con lo que recomiendan los organismos citados: trabajar la fuerza, sumar equilibrio y progresar de manera progresiva, ajustando la intensidad a la condición de cada persona y no a la del vecino del tercer piso.

Antes de cerrar, una observación honesta y sin vueltas: este tipo de rutinas no reemplaza una consulta médica ni un plan personalizado de un fisioterapeuta, sobre todo si uno toma anticoagulantes, tiene osteoporosis diagnosticada o se recupera de una cirugía reciente. Pero como de conversación con el médico de cabecera, como tarea para hacer después del café con leche o antes de mirar el noticiero de la noche, sirve y mucho. Lo vengo comprobando en estas páginas con cada nota sobre envejecer en casa: la autonomía se cuida en cuotas chicas, casi invisibles, hasta que un día uno se da cuenta de que bajó el cordón de la vereda sin pensarlo, llegó al súper sin cansarse y volvió a dormir la siesta entera del domingo. Eso, más que cualquier cifra, es lo que cuenta.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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