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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cinco ideas falsas sobre el corazón que todavía nos juegan en contra

Un cardiólogo de Cleveland Clinic repasó los errores más comunes sobre las enfermedades cardiovasculares, que en 2022 se llevaron 19,8 millones de vidas en el mundo según la OMS. La clave: consultar, controlar y no confiarse.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Cinco ideas falsas sobre el corazón que todavía nos juegan en contra

Cada vez que me siento a escribir sobre algo que toca la salud, intento arrancar por el lugar, aunque sea imaginario, porque a esta altura ya aprendí que los temas grandes siempre bajan mejor si uno los siente cercanos. Por eso hoy me imagino la cocina de cualquier casa de barrio de Buenos Aires, con la pava sonando y la conversación inevitable sobre quién se hizo los análisis, quién se controló la presión y quién todavía cree que el corazón es un problema de hombres grandes y de nadie más. Acá, a dos manos del almanaque y del noticiero de la tarde, eso es lo que quiero contar: cinco creencias sobre el corazón que los cardiólogos desmienten con evidencia, y que en mi familia, y seguramente en la de muchos lectores, siguen vigentes como si fueran sentencias.

Para poner números al asunto, vale recordar que las enfermedades cardiovasculares causaron 19,8 millones de muertes en el mundo en 2022, el 32 por ciento del total global, según la Organización Mundial de la Salud. Esa magnitud, sin embargo, convive con ideas equivocadas que siguen circulando en reuniones, en grupos de WhatsApp y hasta en consultorios de barrio, y que muchas veces terminan retrasando la consulta médica hasta que ya es tarde.

Los cinco mitos que un especialista de Cleveland Clinic puso bajo la lupa

El cardiólogo Luke Laffin, de la Cleveland Clinic, identificó cinco creencias que todavía circulan con fuerza y que pueden tener consecuencias concretas sobre la salud. Las repaso una por una, tal como las planteó, y agrego lo que me parece importante para que cada lector haga su propia lectura.

  • El corazón no es solo cosa de hombres. Las mujeres tienen factores de riesgo propios, como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones durante el embarazo, y suelen postergar los controles por las responsabilidades cotidianas. La recomendación es conocer los propios factores y conversarlos con el médico de cabecera, que puede derivar a cardiología si hace falta.
  • El corazón no avisa a los 50 ni espera a los 50. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar a los 20, 30 o 40 años, muchas veces sin síntomas. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas, por eso los análisis de sangre y los chequeos regulares también importan en adultos jóvenes.
  • Tener antecedentes familiares no es una sentencia. Aumentan el riesgo, pero no determinan el desenlace. Alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que bajan esa probabilidad. Cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión y el colesterol.
  • Sentirse bien no significa estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa; la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no producen síntomas. En algunos casos, el primer indicio es un infarto o un accidente cerebrovascular. Las consultas anuales con el médico de atención primaria y los análisis periódicos permiten seguir esos indicadores antes de que se compliquen.
  • El deterioro cardiovascular no es inevitable con los años. Cuidarse temprano y mantener los controles al día reduce de manera significativa las chances de que el paso del tiempo se traduzca en un evento grave.

Lejos de instalar alarmismo, lo que hace Laffin es correr el velo de un conjunto de supuestos que, bien mirados, son una mezcla de herencia cultural, costumbre y un poco de despreocupación que pagamos caros. Por eso me gusta subrayar algo que el especialista repite a lo largo de su repaso: la herramienta más poderosa contra las enfermedades del corazón sigue siendo la consulta a tiempo, el análisis periódico y la conversación franca con el médico de cabecera, ese profesional que en Argentina todavía cumple el rol de filtro y de orientación para gran parte de la población.

La vecina Marta, que vive acá a la vuelta y a la que le cuento estas cosas mientras regamos las plantas del frente, suele resumir la cuestión con una frase que me parece de las más lúcidas que escuché en los últimos tiempos: "El corazón no te espera a que te duela algo para avisarte que algo anda mal". Tiene razón. Y esa frase, que parece simple, es el corazón de todo el asunto, en el doble sentido de la palabra: lo que late en el pecho y lo que late en el fondo de la conversación que tenemos pendiente con nosotros mismos sobre nuestra propia salud.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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