Caminar, levantar y charlar: la receta de López Rosetti para llegar bien a los 70
El médico clínico y cardiólogo Daniel López Rosetti repasó los hábitos que ayudan a mantener cerebro y corazón en forma: caminatas, fuerza, controles, buena mesa y vida social, con la consulta médica como regla ineludible ante cualquier señal fuera de lo habitual.

Lo confieso: cada vez que escucho a Daniel López Rosetti explicando algo tan grande con palabras tan simples, termino tomando nota como si me fueran a tomar examen al otro día. En esta oportunidad, el médico clínico y cardiólogo volvió a poner el foco en una combinación que suena de toda la vida —caminar, hacer fuerza, comer bien, dormir, controlarse y, sobre todo, no aislarse— y la presentó como una hoja de ruta concreta para preservar la autonomía con el paso de los años. La fórmula, claro, no es mágica: requiere constancia y, sobre todo, una consulta médica previa antes de empezar, sobre todo si hace rato que uno viene arrastrando alguna dolencia o lleva meses sin moverse como corresponde.
Empezar por algo que dé gusto
Antes de hablar de minutos y series, el especialista insistió en un punto elemental: la actividad tiene que gustarnos. Como me dijo esta semana mi vecino Osvaldo, mientras tomábamos un café en la esquina de siempre, “si te gusta, lo hacés; si no, lo dejás al tercer día”. Esa es, justamente, la lógica que López Rosetti planteó. Una caminata con amigos, una actividad en el club barrial o un grupo de baile pueden ser puntos de partida razonables, siempre que la exigencia sea acorde con las posibilidades reales de cada uno, no con la del vecino que corre maratones.
Caminar 150 minutos y conversar sin ahogarse
A la hora de ordenar la rutina, el cardiólogo sugirió sumar 150 minutos de caminata rápida por semana, lo que equivale a media hora durante cinco días. Como referencia práctica, dio una pauta fácil de recordar en la cuadra: el ritmo debe permitir conversar sin quedarse sin aire. Quien termina la caminata con la frase cortada sabe que fue demasiado rápido; quien la termina como si recién empezara, sabe que fue demasiado lento. También desaconsejó concentrar todo el esfuerzo semanal en una única jornada, porque lo que se busca no es un pico aislado sino un hábito que se pueda sostener.
La fuerza, dos o tres veces por semana
El trabajo muscular complementa a las caminatas y, según López Rosetti, suele ser el gran olvidado. Recomendó ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana, con opciones que pueden hacerse en casa sin grandes elementos:
El cuerpo manda: cuándo parar y cuándo consultar
La progresión, aclaró, debe ser gradual. Si durante la actividad aparecen mareos, dolor de pecho, palpitaciones o una falta de aire inhabitual, lo indicado es detenerse y consultar al médico, no esperar a ver si pasa. También señaló que la dificultad para respirar en tareas habituales —subir las escaleras del trabajo, cargar una bolsa, limpiar el patio— merece una evaluación clínica. Nadie normaliza lo que el cuerpo viene reclamando hace meses, dijo, y acá me permito agregar algo que aprendí a fuerza de años: cuando el cuerpo avisa, conviene escucharlo antes de que lo quejido se vuelva otra cosa.
Cerebro y corazón: la misma sangre, el mismo cuidado
El médico enmarcó todas estas prácticas dentro de un cuidado integral y explicó que tanto el cerebro como el corazón necesitan el oxígeno y los nutrientes que llegan por la sangre, de modo que proteger las arterias es cuidar a los dos al mismo tiempo. En la lista figura controlar la presión arterial, la diabetes, el colesterol y otros lípidos, atender la obesidad y dejar el cigarrillo. No son consejos nuevos, reconoció, pero muchas veces quedan en la superficie: uno sabe que tiene que hacerlos y los posterga hasta que un control de rutina los vuelve urgentes.
Dormir, comer bien y no quedarse callado
El descanso, la alimentación y la vida social completan la propuesta. López Rosetti recomendó dormir bien y volver, cuando se pueda, a una alimentación de tipo mediterráneo, con verduras, frutas y legumbres como base, además de moderar el consumo de alcohol. También incluyó la consulta médica ante cuadros depresivos, que no son “tristeza nomás” sino un factor de riesgo más en la ecuación. Y en ese esquema mencionó un punto que me parece clave: prestar atención a la pérdida auditiva, porque cuando dejar de oír se vuelve costumbre, también se va dejando de conversar, de salir y, en definitiva, de estar con otros. La autonomía, sostuvo, se sostiene tanto en las piernas como en los vínculos.
Me quedo con esa imagen final que dejó el médico: piernas entrenadas, arterias limpias, vínculo vivo. Tres patas que, si se cuidan en conjunto, permiten llegar a los setenta, a los ochenta y a los que vengan sin que el cuerpo sea el primero en avisar que algo se rompió. La prescripción es exigente, sí, pero tiene la ventaja de no necesitar nada raro: voluntad, horario, compañía y una consulta al médico antes de empezar. El resto, como diría mi vecino Osvaldo mientras acomoda la silla para la siguiente charla, es cuestión de no quedarse quieto.
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