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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Caminar, correr, levantar peso: cuando el cuerpo se mueve, la vida íntima también se acomoda

La fisioterapeuta Erika Lydon, especialista en suelo pélvico, propone empezar de a poco y sostener la rutina. Caminatas breves, ejercicio aeróbico y algo de fuerza pueden sumar bienestar sexual, aunque ella misma advierte que el exceso, la mala alimentación y el descanso insuficiente juegan en contra.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Caminar, correr, levantar peso: cuando el cuerpo se mueve, la vida íntima también se acomoda

A veces uno se imagina que el consultorio de la fisioterapeuta es un lugar silencioso, con una camilla y alguna luz tibia. Pero cuando me senté a leer lo que viene planteando Erika Lydon, especialista en suelo pélvico, me quedó la sensación de que su consultorio empieza en la vereda de enfrente, en esa cuadra donde el vecino sale a caminar después de la cena. Porque la idea de fondo es simple, casi de sentido común, y al mismo tiempo profundamente práctica: si el cuerpo se mueve de manera razonable, la vida sexual también puede moverse con él. Y si uno se pasa de rosca, también se nota, y nada bien.

La propuesta concreta es bastante doméstica. Lydon sugiere arrancar con caminatas de unos 15 minutos, algo que cualquiera pueda sostener en el tiempo, e ir subiendo la exigencia en forma gradual. La clave no es el sacrificio de una semana, sino la continuidad. Elegir algo que a uno le agrade, dice la especialista, permite construir una rutina cuyos beneficios terminan derramando sobre otras áreas, y entre ellas, la intimidad.

Una pauta para la mayoría, no una receta universal

Como referencia general para la mayoría de las personas, Lydon menciona las cifras que suelen repetirse en las guías de actividad física: alrededor de 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado, o 75 de actividad intensa, sumados a dos días de trabajo de fuerza. Acá viene el primer llamado de atención que me parece importante, y que la propia especialista repite: esa pauta apunta a la salud general, no es un tratamiento contra el bajo deseo ni garantiza cambios en la libido. La salud y el estado emocional de cada uno también intervienen, y mucho.

  • Antes de sumar ejercicios específicos, conviene consultar si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual.
  • Los músculos del suelo pélvico sostienen estructuras de la pelvis y participan en la función sexual, pero no siempre necesitan fortalecerse.
  • Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y, en otros, sumar tensión y provocar relaciones dolorosas.
  • Entrenar demasiado, sin suficiente alimentación ni descanso, puede afectar el deseo.

Me detengo un segundo en ese punto, porque a veces uno escucha lo de suelo pélvico y piensa automáticamente en Kegel para todos. La advertencia de Lydon es clara: no es así. Si los músculos permanecen contraídos o tienen dificultades para relajarse, el encuentro puede volverse doloroso. O sea, no todo lo que parece debilidad muscular necesita más fuerza; a veces lo que necesita es aprender a soltar. Y eso, como me decía hace poco Carlos, un vecino del barrio que suele arreglar su moto en la vereda, es algo que uno termina aplicando también fuera del cuerpo: a veces hay que dejar de apretar.

Ahora bien, ¿por qué el movimiento puede ayudar a la vida sexual? Lydon describe varios mecanismos y los hilvana con bastante pedagogía. El primero es la circulación: el trabajo aeróbico favorece al corazón y a los vasos sanguíneos, y eso facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede colaborar con la excitación y la función sexual femenina. Después está el descanso: dormir mejor es, muchas veces, el primer beneficio que aparece, incluso antes que cualquier cambio en el deseo. Y por último, el estrés: la tensión sostenida puede apagar el interés sexual, mientras que el ejercicio, cuando está bien dosificado, ayuda a mejorar el ánimo y a. El entrenamiento de fuerza, agrega la profesional, puede colaborar con procesos vinculados a la energía, el estrés y el equilibrio hormonal.

Hay algo en todo esto que me gusta especialmente, y es el tono de la advertencia. Lydon no está vendiendo la idea de que entrenar más es siempre mejor. Al contrario: dice, sin rodeos, que pasarse de entrenamiento, alimentarse mal o no recuperarse lo suficiente puede jugar en contra del deseo. Es la misma lógica con la que uno aprende a cuidarse un motor: si lo exigís mucho sin nafta ni descanso, termina protestando. El cuerpo humano, que es más sabio que varios manuales, responde parecido.

Y acá aparece, para mí, lo más humano del asunto. Los resultados, dice la especialista, tienen tiempos distintos. el sueño o sentirse menos estresado puede ocurrir antes que un cambio en el deseo propiamente dicho. Es decir, no se trata de una transformación de un día para el otro, sino de una cadena de mejoras que empieza por lo más básico y que, con paciencia, puede ir llegando a la intimidad. Mientras tanto, queda el consejo que atraviesa toda la charla: empezar con algo que se pueda sostener, aumentar de a poco, atender el dolor cuando aparece y no confundir más ejercicio con más salud. A veces, como me dijo Elvira, la señora que atiende el kiosco de la esquina y que conoce la vida de todos, menos es más, y hasta mejor.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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