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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Breaking Bad, el comienzo de una transformación que todavía se recuerda desde la pantalla chica

La serie creada por Vince Gilligan se consagró en una encuesta que reunió a 500 voces de la industria televisiva y volvió a poner en agenda una historia que cambió la forma de narrar el largo recorrido de un personaje por la televisión de las últimas dos décadas

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 4 min de lectura
Breaking Bad, el comienzo de una transformación que todavía se recuerda desde la pantalla chica

Hubo una época en la que la pantalla chica ofrecía un catálogo más amplio de ficciones seriadas y, sin embargo, todavía se respiraba en el aire esa sensación de que faltaba algo, de que la televisión podía ir más lejos de lo que iba, como si el surco estuviera esperando una semilla que nunca terminaba de caer. Esa semilla cayó en 2008, cuando un canal por cable le dio luz verde a una historia que, a primera vista, parecía demasiado cruda para la pantalla: un profesor de química de secundaria que, tras recibir un diagnóstico de cáncer de pulmón en estado terminal, decidía meterse de lleno en la fabricación y venta de metanfetamina para asegurarse de que su familia no quedara desamparada cuando él ya no estuviera. La serie se llamó Breaking Bad, fue creada por Vince Gilligan y le dio a Bryan Cranston el papel que, a la postre, terminó de reordenar para siempre el lugar del actor en la historia de la televisión.

Fueron 62 episodios emitidos entre 2008 y 2013, una cantidad que, para los estándares actuales, suena casi artesanal si se la compara con las temporadas cada vez más largas que se volvieron norma en el streaming, pero que en su momento alcanzó para construir un arco narrativo que no le soltó la mano al espectador ni un solo capítulo. La transformación de Walter White, que arrancó como un hombre común preocupado por las cuentas de su casa y por el futuro de su esposa y su hijo, fue mutando episodio tras episodio hacia algo más oscuro, más complejo, más incómodo de mirar, y esa incomodidad, lejos de espantar al público, terminó por convertirse en uno de los grandes atractivos de la ficción. En los primeros capítulos, el tono de comedia negra tenía un peso mayor y permitía cierto respiro; después, a medida que las decisiones del personaje lo fueron arrastrando hacia territorios más peligrosos, el relato se fue endureciendo y la risa fue cediéndole lugar a la tensión, al silencio y a esa sensación de que ya no había vuelta atrás para nadie.

Una consagración medida por la propia industria

La serie acaba de quedar en el primer puesto de una selección de las 100 mejores series del siglo XXI, un ranking que se elaboró a partir de las opiniones de 500 figuras del ámbito televisivo, entre actores, creadores y productores. Entre quienes respondieron la encuesta figuraron, por ejemplo, la actriz Elisabeth Moss, el propio Bryan Cranston y el actor Jason Bateman, además de los responsables de series Damon Lindelof y Noah Hawley. Se trata, en definitiva, de un reconocimiento que llega desde adentro del propio oficio, lo que le da al resultado un peso distinto al de cualquier encuesta de público masivo: no fue la audiencia la que habló, sino la gente que sabe, mejor que nadie, lo que cuesta levantar una serie capítulo a capítulo.

El elenco principal lo completan Aaron Paul como Jesse Pinkman, el socio cada vez más imprescindible de Walter en el negocio del narcotráfico, y Anna Gunn como Skyler White, la esposa del protagonista, un personaje que con el correr de las temporadas fue una cantidad inusual de cuestionamientos por parte del público, en gran parte debido a la enorme identificación que los espectadores terminaron construyendo con la mirada de Walter. La trama, por lo demás, se expandió mucho más allá del diagnóstico inicial y de la intención original de juntar dinero para la familia: lo que arrancó como un plan con fecha de expiración terminó arrastrando a todos los personajes hacia un universo de violencia, lealtades cruzadas y decisiones imposibles de revertir.

El universo que creció después del último capítulo

  • Better Call Saul, la precuela centrada en el personaje del abogado Saul Goodman, interpretado por Bob Odenkirk, que alcanzó el puesto 27 en la misma selección de las 100 mejores series del siglo XXI.
  • El camino, la película estrenada después de la serie y dedicada a cerrar el recorrido de Jesse Pinkman, otra vez con Aaron Paul en el papel principal.
  • Un universo narrativo que, entre la serie original, la precuela y el largometraje, ofrece tres entradas distintas para recorrer los mismos personajes desde ángulos complementarios.

Yo que vengo siguiendo este tipo de producciones desde hace años y que todavía recuerdo la primera vez que un amigo me recomendó Breaking Bad con esa frase que se repetía en todas las conversaciones del momento, esa de que era una serie que había que ver sí o sí, no puedo evitar detenerme en algo que el reconocimiento vuelve a poner sobre la mesa: la televisión, cuando se la toma en serio y se le da tiempo para que respire, es capaz de construir personajes tan profundos como los de cualquier novela larga, y la transformación de Walter White, del surco a la góndola de la tele, es quizá el ejemplo más claro de esa promesa cumplida. Lo que queda pendiente, y es la cuenta que la industria todavía no termina de saldar, es cómo hacer para que este tipo de ficciones, pensadas para crecer con el espectador y no para ser consumidas y descartadas en una noche, sigan encontrando el lugar que merecen en un presente cada vez más inundado de estrenos fugaces que nadie recuerda al mes siguiente.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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