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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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"Aunque sé que es falso, me dio vergüenza": cuando la inteligencia artificial lastima en el patio del colegio

Adolescentes de un secundario de Lomas de Zamora vivieron angustia, asco y miedo después de que compañeros crearan y difundieran imágenes sexuales falsas con IA a partir de sus fotos de redes. La Justicia investiga a cuatro menores y el caso reabre el debate sobre un daño que no se borra por ser mentira.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
"Aunque sé que es falso, me dio vergüenza": cuando la inteligencia artificial lastima en el patio del colegio

Hay una frase que se repite en la boca de las chicas afectadas y que, si uno la escucha con atención, alcanza para entender todo lo que se viene: "aunque sé que es falso, me dio vergüenza". La dijo una alumna del colegio secundario de Lomas de Zamora que un rato antes de pronunciarla había pasado por el peor rato de su vida, y lo peor de ese rato es que ni siquiera hacía falta que la imagen fuera real para que la destrozara por dentro. Cuatro compañeros suyos, también menores de edad, están siendo investigados por la Justicia acusados de haber producido y distribuido material de abuso sexual infantil generado con inteligencia artificial: fotos tomadas de los perfiles públicos de ellas en redes, manipuladas con programas que las desnudan o las ponen en situaciones que nunca ocurrieron, y después pasadas de grupo en grupo.

El colegio queda en el conurbano sur bonaerense, en un distrito enorme y de gente laburadora donde uno se imagina la típica esquina con parada de colectivo, kiosco de diarios y el frente de la escuela abierto a la calle. Pero el caso bien podría estar pasando acá, en la cuadra de al lado del lector, porque lo que se cocinó adentro de ese edificio no tiene tanto que ver con el barrio sino con el teléfono que todos los pibes llevan en el bolsillo, ese aparato que se transformó en una ventanita indiscreta por la que se cuelan cosas que hasta hace cinco años no existían.

El asco que no se va por saber que es mentira

Las víctimas, que son varias, describieron en sede judicial y ante sus familias sentimientos que cualquier adulto puede dimensionar aunque no los haya padecido: asco, vergüenza, miedo, sensación de vulnerabilidad y una angustia que no se cura con la lógica. Una de ellas contó que tardó en hablar con sus padres porque no quería que la vieran así, aunque supiera que la imagen estaba manipulada. Esa contradicción aparente es exactamente el corazón del problema: el daño emocional no necesita de la verdad para hacer mella, le basta con la sospecha social de que otros lo vieron o lo vieron posible. "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo", dijo otra de las chicas, y la frase vuelve a golpear en el mismo lugar, porque cuando una imagen sale del celular ya no hay manera de saber quién la tiene y quién no.

Una vecina de la zona, a la que identifican como Marta, mamá de una alumna del establecimiento, me dijo por teléfono que la primera reacción de las familias fue de shock: "yo no podía creer que mi hija me tuviera que explicar eso, y menos que hubiera pasado adentro del colegio". Esa sensación de comunidad vulnerada es la que después se tradujo en una protesta organizada por las propias estudiantes frente al edificio, con bombos, carteles y a los gritos, una movida que después se replicó en otros secundarios de la zona cuando chicas de otros colegios empezaron a contarles situaciones parecidas.

Cómo se fabrican estas imágenes y por qué circulan tan rápido

  • Las fotos originales se obtienen de perfiles abiertos en redes sociales: Instagram, TikTok, Facebook. Por eso los especialistas insisten en que las cuentas de los adolescentes no deberían ser públicas, o al menos no del todo.
  • Una vez capturadas las fotos, se suben a aplicaciones de inteligencia artificial que "desnudan" oponen en situación sexual a la persona a partir de una o varias imágenes.
  • El material alterado se difunde en grupos de mensajería cerrada y también en plataformas abiertas, lo que multiplica el alcance en horas.
  • La Justicia investiga a cuatro menores y ordenó el cese de hostigamiento, además de medidas para impedir el contacto entre las partes y el paso de los acusados a modalidad virtual.

Cuando las chicas fueron a contar lo que pasaba, sintieron que la respuesta institucional fue tardía y no alcanzó. Recién más adelante el colegio organizó jornadas de diálogo con tutores, equipos de orientación y los cursos. Los menores señalados quedaron virtualizados y la causa penal avanza como producción y distribución de material de abuso sexual infantil, una figura que en la Argentina contempla justamente este tipo de fabricaciones aunque las víctimas sean mayores de edad y aunque la imagen nunca haya sido real, porque lo que se castiga es la representación y el daño que produce.

Lo que se llevan puesto los adultos

El caso deja preguntas incómodas para padres, madres, docentes y equipos de orientación, y la más difícil es qué hacer cuando un pibe o una pibe llega a casa con una historia así: si la Justicia interviene, si se cambia de escuela, si se borran las redes, si se cambia el número, si se habla con todos o con nadie. Los especialistas consultados insisten en lo mismo: no minimizar, no decirle a la víctima "pero si es mentira", no dejarla sola con la vergüenza, y entender que aunque la imagen sea falsa la herida es real y necesita tiempo, escucha y, muchas veces, acompañamiento profesional. La escena final que me queda después de dos días de leer declaraciones y hablar con fuentes de la zona es la de esas chicas plantadas frente al colegio, con los padres atrás y la calle como escenario, decididas a que lo que les pasó no quede en un chat borrado sino que se vuelva un tema de todos. La imagen cierra sola: no hacen falta más datos para entender que cuando la herramienta cambia, la responsabilidad de los adultos tiene que cambiar con ella.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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