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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Alojamientos en Luján para la visita papal: una noche que cotiza más que un sueldo

Un relevamiento detectó departamentos y casas ofrecidos entre 4.800 y 16.000 dólares por noche a metros de la Basílica. La demanda esperada por la llegada del papa en noviembre empuja los precios y reabre el debate sobre cómo se regula el turismo de eventos en ciudades chicas.

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Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 3 min de lectura
Alojamientos en Luján para la visita papal: una noche que cotiza más que un sueldo

La mañana en Luján amaneció con esa brisa húmeda que se pega al río y que, para los productores de la zona, suele ser señal de un día templado pero con riesgo de lloviznas hacia la tarde, un detalle que en las fincas cercanas a la Basílica nadie mira con detalle cuando el calendario se cruza con una visita que promete cambiarlo todo. Porque noviembre se acerca y, con él, la expectativa de que el papa recorra la ciudad, y lo que se observa en los portales de alojamiento temporario no es otra cosa que la traducción en dólares de esa expectativa: departamentos y casas que en cualquier fin de semana largo se ofrecerían a valores muy distintos hoy aparecen publicados a cifras que, para el bolsillo de un laburante promedio del surco a la góndola, resultan directamente inaccesibles.

El relevamiento que realizó la periodista Belén Escobar puso números concretos sobre la mesa y dejó en evidencia la magnitud del fenómeno. La oferta más económica, un departamento a 350 metros del centro con un dormitorio, living, baño y cuatro camas, se publica a 4.800 dólares la noche. Un poco más allá, a 700 metros de la Basílica, una casa con dos dormitorios, cuatro camas, living y un baño se ofrece a 5.760 dólares para cuatro adultos. Otra propiedad, con estacionamiento, dos dormitorios y un baño, con tres camas entre las que se incluye una matrimonial, pide 6.480 dólares. Y en el techo de la tabla aparece una casa quinta a un kilómetro del centro, anunciada a 16.000 dólares por una sola noche.

Lo que se paga y lo que no se garantiza

Escobar fue clara al describir el fenómeno y al poner un límite que muchos lectores agradecen que se explicite: contratar una de estas propiedades permite pasar la noche en Luján, pero no asegura ver al pontífice. Quienes llegan desde otras provincias buscan, sobre todo, asegurarse un lugar donde dormir y evitar los traslados al finalizar la jornada, una lógica que tiene sentido pero que, traducida a precios, deja afuera a buena parte del público que históricamente peregrina hasta la Basílica.

La periodista también describió a las viviendas como propiedades comunes de distintos barrios, sin prestaciones de lujo que justifiquen los valores. La explicación de las tarifas pasa, entonces, por la demanda esperada y por la cercanía a las actividades centrales, una ecuación que se repite cada vez que una ciudad chica recibe un evento de convocatoria masiva y que, hasta ahora, el Estado no resolvió con ningún tipo de regulación específica.

El movimiento no se limita a los hospedajes. La propia Escobar mencionó posibles aumentos de demanda en estacionamientos, bares, puestos de comida, baños y ventas ambulantes, y adelantó que vecinos de la zona evalúan destinar sus espacios privados al estacionamiento de vehículos, un clásico de la economía de evento que vuelve a aparecer en el horizonte lujanense.

Cifras que hablan por sí solas

  • USD 4.800: departamento a 350 metros del centro, un dormitorio, living, baño y cuatro camas.
  • USD 5.760: casa a 700 metros de la Basílica, dos dormitorios, cuatro camas, living y un baño, para cuatro adultos.
  • USD 6.480: casa con estacionamiento, dos dormitorios, un baño y tres camas (una matrimonial).
  • USD 16.000: casa quinta a un kilómetro del centro, la oferta más cara del relevamiento.

Mientras tanto, los productores de la zona miran el calendario con una mezcla de expectativa y cautela, porque saben que una jornada así puede dejar plata en los comercios pero también puede dejar a los vecinos del lugar sin lugar para alojar a un familiar venido de lejos. Y es justamente en ese cruce donde aparece lo que el Estado todavía no resolvió: si va a permitir que la oferta de alojamiento se rija exclusivamente por la lógica del mercado en dólares, o si va a intervenir con algún mecanismo de control de precios, de cupos o de información obligatoria para el turista que arriba con la ilusión de compartir unas horas con el papa y termina topándose con la cruda realidad de un mercado que ya le puso precio a esa ilusión.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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