Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Latido Riojano

Latido Riojano

Al Di Meola volvió a Buenos Aires y rearmó su mapa sonoro entre el flamenco y el jazz

El guitarrista estadounidense regresó a la Argentina después del infarto que en 2023 le cortó la gira en Bucarest, y ofreció en La Trastienda un concierto íntimo de más de dos horas junto a dos músicos españoles, repasando cinco décadas de carrera con un repertorio que cruzó Return to Forever, The Beatles, Piazzolla y Paco de Lucía.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 5 min de lectura
Al Di Meola volvió a Buenos Aires y rearmó su mapa sonoro entre el flamenco y el jazz

La noche de Buenos Aires venía templada, con esa brisa tibia que suele regalarle septiembre a los árboles de la ciudad, y que en mi oficio uno aprende a leer como un prólogo: cuando el clima acompaña, el cuerpo se predispone, y la música entra por lugares que de otra forma permanecen cerrados. Esa predisposición se notó desde temprano en la puerta de La Trastienda, donde la fila de público con la paciencia de quien sabe que va a un encuentro y no simplemente a un show. Al Di Meola, a sus 72 años, volvió a pisar escenarios argentinos después del infarto que lo fulminó en Bucarest en 2023, cuando una gira que incluía fechas en esta región quedó trunca a mitad de camino, y lo hizo con un formato que desnudó su guitarra: acústica, desnuda de grandes lujos eléctricos, apoyada en dos músicos españoles que le marcaron la paleta sonora de toda la velada.

El guitarrista subió al escenario acompañado por Isaac Romagosa, también guitarrista, y por Sergio Martínez, percusionista cuyo cajón flamenco fue el ancla rítmica de la noche. El trío funcionó como una pequeña usina de cruces: fandangos, soleás y rítmicas afrolatinas convivieron con fragmentos de jazz de fusión, evocaciones mediterráneas y tramos de improvisación colectiva que estiraron varios temas más allá de su forma de estudio. Esa decisión de rodearse de músicos con raíces flamencas le dio al concierto una coherencia estilística notable: no fue un popurrí oportunista, sino un mapa sonoro que Di Meola viene trazando desde hace décadas, cuando empezó a estudiar las formas del flamenco con la misma obsesión con la que antes había descifrado la sintaxis de Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea y que esta noche tuvo varias citas implícitas en los solos más extensos.

Un repertorio que recorre cinco décadas en una misma noche

El programa funcionó como una línea de tiempo comprimida. Aparecieron versiones de canciones de The Beatles, entre ellas In My Life, que Di Meola leyó con un fraseo casi susurrado; pasajes de Astor Piazzolla, incluyendo Café 1930, donde Romagosa tomó la guitarra con un timbre que por momentos parecía moverse en la órbita del bandoneón; y un cover de The Sound of Silence, de Simon y Garfunkel, que el público recibió con una atención distinta, como si la pieza les perteneciera desde antes. También sonó Ava's Dance in the Moonlight, una composición que el guitarrista dedicó a su hija, y temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden, que confirman que, aun en el tramo más personal de su obra, el diálogo con la música latina nunca se corta.

“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer.”Al Di Meola, sobre el escenario de La Trastienda

Esa frase la dijo el guitarrista en varios tramos de la noche, en un español cuidadoso que fue mejorando a lo largo del show, y que funcionó como una declaración de principios: el infarto que sufrió en Bucarest hace dos años no solo le truncó una gira, le recordó -según sus propias palabras en otras entrevistas- lo frágil del oficio cuando se sostienen cinco décadas de giras internacionales. En La Trastienda, a sala llena, esa fragilidad se transformó en un motivo de comunión: el público no estaba allí para ver a una estrella que se preserva, sino a un músico que volvió a tocar después de haber mirado de cerca la posibilidad de no volver a hacerlo.

Momentos irregulares y un cierre con público en el escenario

El concierto tuvo asperezas que es honesto señalar. En un tramo Di Meola llamó a su ingeniero de sonido al escenario por problemas con el audio, y algunas improvisaciones se extendieron hasta perder tensión, como si la confianza del trío se apoyara demasiado en la propia escucha interna y se olvidara del hilo que sostiene a una platea. Esas irregularidades no opacaron el conjunto, pero dejaron en claro que la apuesta por un formato tan íntimo en una sala porteña tiene costos: lo que se gana en proximidad se pierde a veces en control. El cierre, igual, compensó con creces: hacia el final, Di Meola invitó al público a acercarse al escenario y desplegó Mediterranean Sundance, la pieza asociada a Paco de Lucía, con palmas del público y teléfonos en alto, en una escena que condensó buena parte de lo que el guitarrista viene construyendo desde su mítico disco con el maestro andaluz.

  • Return to Forever: la etapa con Chick Corea que marcó el jazz de fusión de los años setenta y que Di Meola sigue homenajeando en cada gira.
  • La dupla con Paco de Lucía: el cruce histórico con el guitarrista español, que esta noche se evocó en Mediterranean Sundance y en el lenguaje flamenco del trío.
  • La conexión con Piazzolla: la lectura de Café 1930 confirmó que el vínculo del guitarrista con el tango no es decorativo sino parte central de su identidad artística.

Mientras la ciudad empezaba a enfriarse del lado de afuera y la gente se dispersaba por las calles con el rumor del cajón flamenco todavía metido en la cabeza, uno volvía a su casa pensando en lo que este tipo de regresos dejan a la vista: que hay músicos que sobreviven a un infarto, reconfiguran su formato, rodean su nombre con músicos jóvenes de otro idioma y, sin embargo, mantienen intacta la conversación que empezaron hace medio siglo. Lo que el Estado, por lo demás, todavía no resolvió es la cuestión de fondo que atraviesa a toda la música en vivo argentina: la falta de políticas estables para sostener a los artistas internacionales que eligen venir al país, que muchas veces lo hacen a fuerza de producción privada, y que sin embargo dejan, como en este caso, un capital cultural enorme que termina pagando el bolsillo del público y no una política pública que lo reconozca. Del escenario a la calle, del surco a la góndola, la música de Di Meola volvió a circular por Buenos Aires, y esa circulación, por ahora, sigue dependiendo más del azar que de una decisión firme de quien debería promoverla.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo