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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Adiós a la Oveja: se fue el percusionista que le dio piel a la cumbia santafesina

Ricardo Stec murió a los 66 años y dejó una marca silenciosa en cinco discos de Los Palmeras y en casi una decena de conjuntos del género. Un obrero del ritmo que también manejaba colectivos.

MO
Micaela OyolaCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Adiós a la Oveja: se fue el percusionista que le dio piel a la cumbia santafesina

Te confieso algo antes de arrancar: cada vez que me toca escribir sobre alguien que se fue, me imagino el ensayo. La sala vacía, las luces bajas, un sillón en el rincón donde el músico que ya no está dejaba el abrigo. En este caso me lo figuro con un saquito de nylon azul, porque Ricardo Oveja Stec, percusionista histórico de la cumbia santafesina, era de los que llegaban temprano y se iban último, de los que nunca hicieron ruido con el ego pero sostenían el ruido de todos los demás. Murió el 2 de septiembre, a los 66 años, y me cuesta no pensar en cómo debe haber quedado el parche de su tambor esa mañana, esperando una mano que ya no va a volver.

Stec se había criado entre bombos y tumbadoras desde principios de los ochenta, cuando la cumbia santafesina todavía se cocinaba a fuego lento en bailantas y clubes de barrio. Pero el capítulo que todos recordamos es el suyo dentro de Los Palmeras, entre 1988 y 1992, cuatro años en los que dejó su huella en cinco discos: Loquito por ti, Sus amigos, Rumor de cumbia, Chiquita pero buena y Boquita azucarada. No era el cantante, no era el fundador, no era el que salía en la tapa de la revista. Era, justamente, lo que la banda necesitaba para que todo lo demás funcionara.

Una vida en varias filas

Antes y después de su paso por Los Palmeras, la Oveja se sentó detrás de los parches en una cantidad de conjuntos que dan cuenta de cómo se construye un género desde abajo: Yuli y Los Girasoles, Los Crisoles, Los Libres, Los Lamas, Los Súper de Santa Fe, RMG y Los del Bohío, con quienes llegó a grabar Los preferidos del ritmo caliente. Mirá la lista y pensá lo que significa: décadas de shows, de rutas, de micros, de noches en las que el escenario era un tablón y la lluvia entraba por un costado. Casi una decena de bandas quieren decir casi una decena de familias, de viajes, de ensayos en garages y de que ya lo están extrañando.

“Hoy nos toca despedir a otro de nuestros históricos miembros. Gracias por tantos momentos compartidos y toda tu música. Que en paz descanses querido amigo Ricardo Oveja Stec. Te saludan hoy y siempre tus amigos Los Palmeras.”Los Palmeras, en sus redes

Los del Bohío también se despidieron por la misma vía con una frase que me parece la mejor síntesis de lo que fue la Oveja: Hoy se va un pedazo de aquella historia. Quedan su alegría, su música, las anécdotas y el recuerdo de quienes tuvimos la suerte de conocerlo. No hay épica, no hay grandilocuencia. Hay un hombre que dejó amigos y dejó ritmo, que a veces es lo mismo.

El hombre del tambor y del colectivo

Hay un detalle de la vida de Stec que a mí, te soy honesta, me emociona más que cualquier video de un show. Además de músico, trabajó durante años como chofer de colectivos. Me lo imagino sentado en el asiento del micro con la misma paciencia con la que afinaba un redoblante, llevando pasajeros de un punto a otro mientras en la radio sonaba, inevitablemente, alguna cumbia. Son dos oficios que parecen no tener nada que ver y, sin embargo, comparten algo: los dos son de servicio, los dos son de gente que se levanta temprano para que otros lleguen a destino. Por eso te lo digo: la Oveja no era un rockstar, era un laburante del ritmo, y justamente por eso su lugar en la historia de la cumbia santafesina no se va a llenar con un reemplazo. Se va a llenar con otro laburante, de a poco, con el tiempo.

Mientras escribo esto me llega el olor a sahumerio que mezclaban las madres en los bailantas de los ochenta, y el sonido grave de una tumbadora marcando el pulso antes de que entre el cantante. Si alguna vez bailaste un tema de Los Palmeras de esa época, si te acordás de la intro de Boquita azucarada o de algún estribillo de Rumor de cumbia, una parte de ese groove lleva las manos de Ricardo. Y eso, en un género donde la percusión es el corazón, es nada menos que dejar el corazón en el disco.

La próxima fecha, en este caso, no es en un escenario. Es en la memoria de quienes lo escucharon tocar, de los pasajeros que alguna vez viajaron con él al volante, y de los músicos que aprendieron a escucharlo desde atrás del escenario. Por eso te dejo la pregunta que me quedó dando vueltas mientras cerraba esta nota: qué músico de tu entorno recordás como esos pilares que sostienen un género desde adentro, sin el foco del escenario. A veces los más importantes son los que nunca pidieron el centro de la foto.

MO
Micaela OyolaCultura y espectáculos

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