A treinta años del accidente que se llevó a Gilda, la intimidad de un himno que nació casi sin querer
Una canción grabada entre resfríos, viajes a Perú y discusiones de estudio se convirtió, después de la tragedia, en el mayor clásico de la cumbia argentina. La historia desconocida de "No me arrepiento de este amor", a tres décadas de la muerte de Miriam Alejandra Bianchi.

El calendario marca un nuevo 7 de septiembre y, como cada año desde hace tres décadas, la ruta y la música vuelven a cruzarse en la memoria colectiva de los argentinos. A treinta años de la muerte de Miriam Alejandra Bianchi, conocida por todos como Gilda, la fecha se sigue leyendo menos como una efeméride y más como una marca en el calendario popular: la de una cantora que se fue en el tramo de la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, cuando apenas tenía 34 años y todavía no había visto explotar en la Argentina el tema que hoy la identifica por encima de cualquier otro. Esa canción es "No me arrepiento de este amor", y su recorrido hasta convertirse en himno involuntario de la cumbia es, en buena medida, la mejor manera de entender quién fue Gilda y por qué su figura sigue creciendo en lugar de apagarse con el paso del tiempo.
Una maestra jardinera que se subió a un escenario tropical
Gilda había nacido el 11 de octubre de 1961 en Buenos Aires y, antes de que el mundo tropical la conociera, trabajaba como maestra jardinera. Su ingreso a la música llegó después de responder a una convocatoria para integrar una banda, una decisión que, según reconstruye su propia biografía, implicó dejar la docencia y reorganizar de arriba abajo su vida familiar y profesional. No fue, como tantas veces se cuenta, un salto al vacío sin red: fue el resultado de un proceso personal que la propia canción se encarga de dejar por escrito, con la crudeza de quien escribe en medio de una mudanza íntima.
Porque "No me arrepiento de este amor" quedó inscripta, justamente, en ese momento de transición. La pieza abre el disco "Pasito a pasito con… Gilda", su tercer álbum, editado en 1994, y fue compuesta íntegramente por ella, según el relato del músico y productor Juan Carlos "Toti" Giménez, que compartió con ella buena parte del trabajo artístico. Giménez contó además que la canción se la dedicó a él y que Gilda no quiso atribuirle coautoría, aun cuando la colaboración entre ambos era habitual en el estudio. El detalle no es menor: habla de una autora que se hacía cargo de lo suyo en un circuito donde las cofirmas solían funcionar como moneda de cambio.
Una grabación a espaldas del productor y con la voz tomada
La sesión de grabación tuvo sus propias particularidades, y conocerlas cambia la manera de escuchar el tema. El productor José "El Cholo" Olaya no estaba convencido de incluir la canción en el disco y, según el recuerdo de Giménez, la pieza se registró mientras Olaya estaba en Perú. Ese día, Gilda estaba resfriada y el arreglo de teclado se usó para reforzar la voz en uno de los pasajes más exigentes de la interpretación. Lo que hoy suena como un clásico redondo y luminoso nació, en los papeles, como una grabación de espaldas, hecha casi en silencio administrativo dentro del propio estudio.
- Composición: escrita íntegramente por Gilda y dedicada a Juan Carlos "Toti" Giménez, según el propio músico.
- Grabación: registrada con el productor José "El Cholo" Olaya ausente, durante un viaje suyo a Perú.
- Recepción inicial: el primer reconocimiento fuerte llegó desde Bolivia y Perú, donde Gilda realizó presentaciones y apariciones televisivas.
- Consagración en la Argentina: el reconocimiento masivo llegó después de su muerte, entre 1997 y 1998, cuando el álbum volvió a circular y la canción ganó espacio en radios, televisión y pistas de baile.
- Salto intergeneracional: en 1998, la banda Attaque 77 publicó su propia versión, ampliando el alcance del tema fuera del circuito tropical.
El recorrido del tema no fue, ni por lejos, el de un éxito instantáneo. La primera recepción fuerte vino desde afuera: Bolivia y Perú, donde Gilda había hecho presentaciones y aparecido en televisión, fueron los primeros mercados que se rindieron ante la canción. En la Argentina, en cambio, el reconocimiento masivo llegó del modo más cruel que conoce la industria: después de la muerte de su autora. Entre 1997 y 1998, el álbum volvió a circular, la canción ganó espacio en radios, en televisión y en las pistas de baile, y quedó fijada como una de sus composiciones más identificadas. La tragedia operó como una campaña de difusión que ninguna productora hubiera podido comprar, y el tema terminó convertido en la llave maestra del repertorio de Gilda.
“Una mujer que tuvo que luchar contra muchos prejuicios sociales, culturales y familiares.”Natalia Oreiro, al presentar la película biográfica de 2016
Con los años, la figura de Gilda quedó rodeada de expresiones de devoción popular y de la creencia en milagros atribuidos a su intercesión, un fenómeno que excede a la música y que la investigación periodística todavía no termina de dimensionar. En 2016 se estrenó la película biográfica que llevó como título el nombre de la canción, protagonizada por Natalia Oreiro, que describió a la cantante como una mujer que tuvo que luchar contra muchos prejuicios sociales, culturales y familiares. A más de tres décadas de su lanzamiento, "No me arrepiento de este amor" sigue siendo la puerta de entrada más frecuente a la historia de Gilda: resume una elección de vida, condensa las tensiones de una carrera que no fue diseñada para la masividad y, sobre todo, certifica que la autora tuvo razón en no arrepentirse.
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