A 2.700 metros y sin un solo cartel, el Museo Entre los Cerros espera que lo descubran
En la Quebrada de Huichaira, frente a Tilcara, Lucio Boschi levantó con sus propias manos un museo de adobe que reúne a los grandes de la fotografía latinoamericana. La señalización brilla por su ausencia, y eso, dice él, es parte del viaje.

Te lo cuento de entrada, así no te hacés falsas expectativas: si alguna vez manejás por la ruta 9 rumbo a Tilcara, en Jujuy, no vas a encontrar ni un cartel, ni una bandera, ni un paintedón de neón que te avise que, unos metros más allá, hay un museo dedicado por entero a la fotografía argentina y latinoamericana. El Museo Entre los Cerros, conocido como MEC, vive exactamente ahí, a unos 2.700 metros de altura, en la Quebrada de Huichaira, y la decisión de no señalizarlo no fue un descuido, ni un olvido de presupuesto: fue una elección consciente de su fundador, el fotógrafo Lucio Boschi, porteño de origen y jujeño por adopción, que lleva ya más de cuatro décadas subido a los cerros del norte.
Una casa de barro antes que un museo
Para llegar hay que tomarse el trabajo de mirar. La ruta 9 pasa frente a Tilcara y, en algún punto, el camino se abre hacia una quebrada que ya de por sí parece una postal. Ahí, integrado al paisaje como si la montaña lo hubiera escupido en una buena tarde, aparece un edificio de adobe de paredes anchas, techo bajo y ventanas dispuestas de manera tal que la luz del norte se filtra como si la hubieran invitado a la sala. Esa arquitectura no es capricho estético: Lucio, que ahora tiene 60 años, empezó levantando una casa de barro para él, y cuando el lugar se le quedó chico, lo transformó en museo. Lo hizo de a poco, con las manos, con la ayuda de gente del lugar y, sobre todo, con la convicción de que las obras tenían que habitar el mismo espacio que las montañas que las rodeaban.
“Cuando lo visité por primera vez me llamó la atención que no había nada que indicara que era un museo. Yo pasaba siempre por la ruta y nunca me había dado cuenta. Después entendí que eso es parte de la experiencia, tenés que descubrirlo vos.”Esteban, vecino de Tilcara
Lo que hay adentro, vale la pena decirlo, es de primer nivel mundial. La colección permanente reúne obras donadas por algunos de los nombres más importantes de la fotografía latinoamericana: Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros. Para juntar esas piezas, Lucio no salió a comprar: mandó cartas a colegas, tejió durante años contactos con galerías y coleccionistas de todo el mundo y, según cuenta, todos le dijeron que sí. La lógica fue inversa a la del mercado: en vez de pagar fortunas, pidió donaciones a cambio de un lugar donde las fotos pudieran vivir en paz, con la luz natural de la quebrada como única iluminación.
Más que una colección: un programa cultural
Porque el MEC no se quedó en el galpón de las obras colgadas. Con los años se fue convirtiendo en algo más grande, casi sin que nadie lo planeara del todo. Hoy ofrece, entre otras cosas:
Los primeros años, me cuenta Lucio cada vez que lo cruzo, no iba nadie. Los únicos que aparecían eran los chicos de la escuela de Huichaira, que bajaban caminando hasta el museo como quien va a lo de un vecino. Después, sin hacer ruido, empezaron a llegar guías locales, grupos de fotógrafos y, con el tiempo, curadores y directores de museos internacionales de primer nivel. Todos, paradójicamente, gracias al boca a boca y a la ausencia total de publicidad.
Si te toca ir, mi recomendación es que te tomes el tiempo que la visita pide. Las salas tienen bancos para sentarse, la luz cambia a medida que corre el sol y hay un ritmo lento, casi ceremonial, que invita a caminar despacio. El acceso por la ruta 9 desde Tilcara es la referencia más práctica; ojo con el GPS, porque en los tramos finales de los caminos del cerro puede no estar actualizado y terminarás preguntándole a alguien en la tranquera de al lado. Cuando estés ahí, parado frente a una foto de Martín Chambi con el cerro de fondo, vas a entender por qué Lucio decidió que este museo no necesita carteles: se encuentra, o no se encuentra, como las cosas que realmente valen la pena.
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